24-05-2026
Locales cerrados, vidrieras vacías, carteles de “se alquila” es la foto del centro en este momento de la economía argentina, marcado por una fuerte retracción del consumo y el avance del e-commerce.
No lo ve quien no lo quiere ver. Suficiente con una recorrida a pie por el microcentro de Olavarría con un teléfono celular en la mano para documentar la crisis inédita que atraviesa el comercio olavarriense, por lo menos de medio siglo a esta parte.
En algunas cuadras más, en otras cuadras menos, el promedio de negocios cerrados es de dos por cada 100 metros, donde se pueden constatar locales desocupados y vidrieras vacías, en otros puertas abiertas y vidrios ploteados con el anuncio “liquidación por cierre definitivo”.
En la mayoría espacios inertes con el cartel de “se alquila”, quién sabe a quién, si apareciera algún interesado.
La crisis está ahí. Detrás de ella emprendedores que han decidido bajar los brazos o reconvertirse y en todos los casos puestos de trabajo que van perdiendo.
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Consultados los comerciantes de la zona céntrica coinciden en varios factores: alquileres insostenibles, costos fijos que aumentan mes tras mes, caída en vertical de las ventas de su lado del mostrador.
Del otro lado del mostrador los espera el derrumbe en el poder adquisitivo de los salarios que ha provocado una fuerte retracción en el consumo y además una competidor poderoso que no tiene fachada, ni presencia física: el e-commerce.
En los últimos años, el comercio electrónico ha experimentado un auge sin precedentes y, sobre todo luego de la pandemia de Covid-19, esta tendencia se aceleró.
La coyuntura tampoco es sostenible: dólar planchado artificialmente; aumento de los alimentos de un 40% sólo en los últimos 5 meses; ajustes trimestrales en el precio de los alquileres, el alza en las tarifas de los servicios públicos y ahora -con las modificaciones en el régimen de Zona Fría- sólo un clarividente puede saber hasta van a trepar las facturas del gas en red.
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El fantasma que viene desde China
La apertura indiscriminada de la importación, algo que en la Argentina produjo efectos ya conocidos durante la dictadura militar y en los noventa, es un ingrediente insoslayable en esta crisis que atraviesa el comercio local.
De acuerdo con un informe publicado recientemente por el sitio iprofesional.com, en el mes de abril las ventas desde los cada vez más populares sitios chinos Shein y Temu treparon a los 118 millones de dólares, más del doble que en el mismo mes del año pasado.
En simultáneo, las ventas de los comercios locales marcaron una nueva caída, según el relevamiento de CAME, la cámara que reúne a los pequeños y medianos comercios, y que engloba tanto a quienes tienen negocios a la calle como a los que se dedican a la venta online.
El fenómeno chino ya dejó atrás la etapa de la preocupación y ahora ya se nota una reacción concreta de parte de quienes observan que los clientes se escapan, en un momento de ajuste de los bolsillos y nuevas modalidades de consumo, dice el análisis de iprofesional.com.
Lo que hasta hace relativamente poco tiempo era un goteo (constante) de consumo de argentinos en el exterior se convirtió en un verdadero torrente que está reconfigurando las estrategias locales.
Para entender por qué el comercio local está bajo presión: según los registros de importaciones vía “Courier”, el crecimiento viene siendo exponencial: mientras que en abril de 2025 las operaciones sumaron 52 millones de dólares, para abril último ese monto saltó a los 118 millones de dólares. Una brusca suba del 127%.
En lo que va del primer cuatrimestre de 2026, el acumulado ya alcanza los 402 millones de dólares en compras directas al exterior, según quedó reflejado en un informe de la consultora Analytica en base a datos de comercio exterior del Indec.
El comercio pequeño y mediano registró una caída interanual del 3,2% durante abril y una contracción del 1,3% contra marzo, con retrocesos en seis de los siete rubros relevados por la CAME.