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Información General Natalia Fernández: “La ingeniería es cosa de mujeres”

22-06-2022

Natalia Fernández: “La ingeniería es cosa de mujeres”

Se graduó en la FIO como Ingeniera Química, en 2012. Hoy, con 35 años, acredita un decenio trabajando en una empresa cementera. Muestra orgullo por su condición de mujer e ingeniera.

 

Recorre la línea de producción, atiende una consulta de un operario, da indicaciones. Se seca la transpiración, y sigue firme en su puesto en la planta de una cementera en Santiago del Estero.


Natalia Fernández se graduó en la FIO como Ingeniera Química, en 2012. Hoy, con 35 años, acredita un decenio trabajando en una empresa cementera. Muestra orgullo por su condición de mujer e ingeniera, cuenta anécdotas que la llevaron a ser lo que es hoy: pionera como mujer en el puesto que ocupa en una cementera. En el Día internacional de la mujer en Ingeniería, invita a más chicas a sumarse a esa pasión.


Aunque tuvo una rápida salida laboral, su nombre ha quedado inscripto en la FIO y siempre está presente…


En lo que fue mi formación académica a mí me gusta decir que hice todo, participé en todo lo que pude. Estuve como Ayudante alumno en varias materias, estuve presente en el Centro de Estudiantes, en el Consejo de carrera, en el Académico y en el Superior. También estuve como personal administrativo en la carrera de Seguridad e Higiene. Quizás eso ha hecho que resuene mi nombre…


¿En perspectiva las evalúa como experiencias positivas?


¡Sí, totalmente! Haber participado en el Centro de Estudiantes fue complementario a mi formación académica. Además del título, ele ejercicio de la profesión necesita de otras habilidades y otras aptitudes, y en mi caso la fuente principal de esas aptitudes fue el Centro de Estudiantes. Actualmente manejar grupos y tener personal a cargo es algo que ningún libro te va a explicar, la Facultade te va a dar algunas herramientas y dónde poder buscarlas. Pero insisto, por ejemplo las habilidades vinculadas con el liderazgo a mí me las dio el Centro de Estudiantes: poder tomar decisiones, trabajar en momentos críticos, y hacer que los grupos te acompañen. Creo que el liderazgo es innato de la persona pero también se puede desarrollar. En mi caso no tengo complicaciones con el manejo de grupos y me gusta, pero esa formación inicial fue importante, me encantó.


Se la ve muy plena, al menos con la profesión…


Creo que es una actitud de afrontar la vida. Cuando iba a la Facultad quizá no me gustaba rendir Fenómenos de transporte, pero iba contenta y hoy me pasa que voy a trabajar y voy contenta. Creo que tiene que ver con la actitud de uno, como uno se pone frente a la vida. Y tiene que ver con la pasión, eso es lo que nos mueve. Y a mí me encanta poder trabajar de lo que estudié, me encanta ser Ingeniera química y me genera mucha pasión ponerlo en práctica. Agradezco poder trabajar de lo que elegí. Creo que ese es el secreto.


Ubiquémonos en el momento de su final de carrera. Mujer, a punto de recibirse… ¿Cómo fue esa salida al mercado laboral?


El primer contacto que tuve con el afuera fue haciendo mi práctica profesional (N. de R.: es un requisito académico para la graduación). La hice en cinco caleras de Olavarría, un proyecto interdisciplinario que estuvo muy bueno. Pude trabajar con esas empresas pero también con el Municipio, con los vecinos, porque había que solucionar un problema ambiental. Y tuve la suerte de que este proyecto se implementase. Tuve el apoyo de la Facultad y ahí tuve mi primer contacto con el mundo laboral y las mujeres. Ahí lo que me pasó fue, por ejemplo, que trabajé en caleras que eran muy chicas y no tenían infraestructura para mujeres, por ejemplo no había baños para nosotras. No estaba previsto. Y yo me decía “che pero ¿esto va a ser siempre así?”. Yo estoy muy agradecida con la gente de esa calera pero lo tomó como una referencia de hace 11 años., de lo que fue arrancar como ingeniera en el mundo laboral.nfer 2


¿Eso era aún como estudiante?


Exacto, yo recibo mi título en diciembre de 2011 y cuatro meses después arranqué a trabajar en la empresa cementera de la que hoy formo parte.


¿Y qué registros le quedan de esos momentos?


Arranqué en la empresa trabajando en el área de gestión, asociada a la calidad total que es algo que quizá tiene más que ver con el ingeniero industrial. Estuve más de tres años ahí, hasta que me picó el bichito de mi profesión, de la ingeniería química y de los procesos, que está más en la trinchera como nos gusta decir a nosotros. Estaba cómoda en el puesto de gestión, pero decidí salir de mi zona de confort y meterme un poco al interior de la fábrica, a la empresa “profunda”. Ahí pasé a ser ingeniera de procesos, que es el cargo del ingeniero químico por excelencia. Ahí estás en contacto con todo lo que sucede en la planta, con todos los equipos, con la mediciones y los controles de calidad. En esa etapa hice cuatro años en la planta L’amalí, fue un tiempo de aprender mucho, con formación en estadística y control de procesos.


¿Cómo llega a su ubicación actual?


En plena pandemia se me ocurrió la idea de apostar al crecimiento y eso viene de la mano de este desafío de moverse. La empresa tiene presencia en varias partes del país, así que decidí venir a vivir al norte, estoy en Frías, Santiago del Estero. Vine como coordinadora de turno que es un puesto muy importante, y es el primer paso hacia el manejo de gente. Estoy enamorada del lugar donde vivo, soy la primera coordinadora mujer en esta planta. De los mandos medios soy la única mujer, eso fue un desafío no solo para mí sino para la compañía que definió que la posibilidad estaba abierta y que ser mujer no era un impedimento.


¿Tuvo acompañamiento?


¡Sí! Se pusieron todos los esfuerzos por Recursos humanos, por mis superiores, que estuvieron siempre muy preocupados por mi adaptación. Ponerse frente a un grupo con el que estás más tiempo que con tu familia es importante. La gente de mi turno me abrió las puertas de la fábrica y de la ciudad, de sus casas en plena pandemia. Y desde hace un mes soy coordinadora de todos los coordinadores. Esto es más de gestión.


Ha vivido los años en los que se han registrado los mayores cambios culturales respecto de la mujer en la ingeniería…


Es así, el cambio cultural de la empresa fue acompañándose con esta transición que está viviendo la sociedad. Siempre cuento esta anécdota: yo había entrado a trabajar en la empresa, llega diciembre con su fiesta de fin de año, y me llega una invitación que decía “Colaborador, lo invitamos a la cena de fin de año; invite a su esposa”. Fue como un choque y yo lo hice saber, pero no era normal que trabajen mujeres en la empresa. Y ahora tener la primera coordinadora mujer muestra la evolución. Las mujeres tenemos otra visión de las cosas, pensamos de otra manera, podemos hacer muchísimas cosas a la vez. Generamos otro vínculo y eso me abrió más puertas que haber tenido una carrera como hombre. El vínculo es desde otro lugar, también el respeto a la mujer es diferente, creo que te escuchan e intentan ponerse en tu lugar y acompañarte.


¿Sufrió discriminación por ser mujer en el campo laboral?


Creo que nunca me encontré con alguien que diga “es mujer, no hablo con ella, no va a entender”. Creo que para las chicas que quieran estudiar ingeniería es una carrera hermosa, es íntegra, la forma de pensar y la estructura de pensamiento, dicen que somos cuadrados pero la forma de resolver un problema es muy importante. Y ser mujer en ingeniería genera pasiones, desafíos. Cuando vine al norte mucha gente me preguntaba si trabajaba en el sector de limpieza o en el laboratorio, y era muy grato poder decir “no, estoy a cargo de la producción en mi turno”. Y también lo que me pasó con las mujeres del lugar, que me fui relacionando, y me decían “ah pero ¿trabajan mujeres en la fábrica, se puede?”. Poder ser parte de ese cambio también me gustó. Soy mujer, me gusta la ropa y arreglarme, verme bien, y también hago toneladas de cemento. Creo que la ingeniería es cosa de mujeres, es cuestión de actitud. La misma actitud que tenía para ir contenta a la Universidad pública es la que tengo ahora para trabajar de lo que estudié. Yo invito a todas las chicas que quieran estudiar ingeniería a que lo hagan, es un camino hermoso, de aprendizaje donde te replanteás un montón de cosas todos los días. Elegir carreras como esta pueden cambiarte el chip, y las mujeres nos las bancamos mucho. Hoy estamos “en carpeta” y podemos seguir ocupando puestos que antes eran impensados.


¿Sostiene el vínculo con la FIO?


Sí, cada tanto mando algún mail con consultas y siempre me responden; participé en la formación del primer Centro de Graduados y fui la primera presidenta, un orgullo. Estoy muy agradecida con la Facultad y la formación. Soy agradecida de un ingeniero muy machista que alguna vez me dijo “las ingenieras sirven porque son más fieles” y sin saberlo me impulsó a ser mejor ingeniera y a demostrar que servimos por otros valores; agradezco al Seminario de Comunicaciones Técnicas que nos hace pensar que somos profesionales y también las técnicas para comunicar explicarme en la fábrica; la FIO me dio formaciones que son las que necesitamos hoy que hay que darle mucho énfasis a lo otro: a lo “blando”, al liderazgo, a las comunicaciones técnicas, eso complementa y cuando comparo la Facultad de ingeniería de Olavarría con otras Facultades hay un delta.

 

(información de www.fio.unicen.edu.ar)

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