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29-09-2024

La “Guerra de la leche” y el nacimiento y la muerte de Ildosa

En la década del ’60 del siglo pasado Olavarría atravesó una convulsa situación, cuando los tamberos se rebelaron contra la pasteurización, que coincidió con el inicio de la empresa láctea.

 

Olavarría vivió en la primera mitad de la década del ‘60 “La guerra de la leche” entre los tamberos que no estaban dispuestos a modificar el “statu quo” y el intendente Carlos Víctor Portarrieu que impulsaba una serie de “reformas radicales” para la época, entre ellas la pasteurización de la leche para el consumo humano.

 

Merced a los votos de su bancada y con la oposición de los ediles de la Unión Cívica Radical del Pueblo, entre ellos quien luego sería intendente Helios Eseverri (de origen tambero, para más datos), Portarrieu logró la aprobación de la ordenanza 6/964 que impulsaba “la higienización y la pasteurización de la leche de consumo”.

 

El Artículo 1º de aquel texto decía: “Declárase obligatorio a partir de 120 días de la promulgación de la presente ordenanza la higienización y pasteurización de la leche dentro de la planta urbana de la ciudad de Olavarría”.

 

Dejaba, además, librado al Departamento Ejecutivo “la ampliación de las zonas con la medida que considere necesarias” y en consecuencia prohibía “la comercialización de leche cruda, tanto en los locales de expendio, como en distribución a domicilio, lo cual estará obligatoriamente bajo control de la Oficina de Inspección General de la Municipalidad”.

 

Como tantas otras cosas que parecen haber sido siempre así, no lo eran tanto hasta hace apenas medio siglo.

 

En el artículo 5º de la misma ordenanza decía que “la leche proveniente de los tambos ubicados en el partido de Olavarría y destinada a usinas pasteurizadoras locales sólo podrán proceder de establecimientos inscriptos en un registro que se abrirá al efecto” y que “la leche que provenga de dichos establecimientos deberá ser sometida antes de la industrialización al examen que se establece en el artículo sexto”.

 

¿Que ordenaba este texto? Algo que hoy parecería una verdad de Perogrullo, como recuento de gérmenes, reacción para la detección de la brucelosis, investigación de gérmenes patógenos, en el especial del bacilo de Koch, que ocasiona la tuberculosis.

 

Más inverosímil resulta que hasta la entrada en escena de esta ordenanza, en Olavarría no se había legislado lo que dice el Artículo 7º: “La leche pasteurizada deberá ser comercializada en envases unitarios aprobados previamente por la Oficina de Inspección General y provistos de cierres hermético e inviolables, que garanticen la incontaminación del producto hasta la recepción por el consumidor”.

 

En su artículo 11º obligaba a que “los vehículos que transporten leche y/o sus derivados, así como los que se utilicen para la distribución domiciliaria deberán ser previamente habilitados por la Oficina de Inspección General y estar provistos del certificado de salud expedido por las autoridades competentes”.

 

Estas resoluciones, que en este tiempo parecen elementales conceptos para la salud pública, desde la fundación de Olavarría y hasta el primer lustro de la década del ‘60 no eran así y los tamberos interpretaron la promulgación de la ordenanza como un embate contra derechos adquiridos. Y no pocos vecinos salieron en su apoyo.

 

Los lecheros, con el respaldo de los ediles de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) llevaron adelante una original protesta, paseando una vaca por el centro de la Ciudad.
Más grave fueron los hechos tras la caída de sol, cuando “dos chacoteros” -decía por entonces “El Popular”- arrearon vacas desde La Rural hasta el centro de la ciudad.

 

A todo esto, desde 1963 había irrumpido en el mercado alimentario vernáculo la firma Industria Láctea de Olavarría SA, más conocida como ILDOSA, que tenía entre sus mayores inversionistas a los hermanos Pedro y Pablo Cura, los hermanos Juan y Rodolfo Becker (también accionistas del desaparecido vespertino “Tribuna”) y Mariano Girgenti.

 

Los Cura y los Becker tenían además intereses en el Banco de la Edificadora de Olavarría y en el vespertino “Tribuno”, que entre sus accionistas llegó a contar también con el ex intendente Carlos Víctor Portarrieu…

 

Y los tamberos no sólo le declararon la guerra al gobierno municipal del doctor Portarrieu, sino que a partir de la ordenanza le “retiraron los embajadores” a ILDOSA.

 

En una decisión corporativa de julio de 1964, la Asociación Unión de Tamberos de Olavarría a través de una solicitada publicada en las páginas del diario “El Popular” -con la adhesión de la Sociedad Unión de Lecheros de Olavarría- informaba la decisión de “no vender su producción a la usina pasteurizadora ILDOSA, con respecto a la ordenanza municipal sobre pasteurizar la leche en Olavarría”. Así de clarito, sin vueltas.

 

Francisco Notararigo presidía la Unión Lecheros de Olavarría, acompañado por Pedro Otermín, Wilfredo Lazarte y Reynaldo Rey, entre otros.

 

“Nos dirigimos a la población a fin de hacerle saber que, contestes en bregar por la salud de la población y a su vez -correlativamente- por la economía de la familia en momentos en que diversos factores obran en su detrimento, se ha resuelto no vender más el producto a la pasteurizadora ILDOSA” decía la solicitada, que contaba también con la adhesión de la UCRP.

 

“Nos mueve una causa de rebeldía contra una imposición a todas luces injusta, violatoria de la libertad de trabajo establecida en el Artículo 74 de la Constitución Nacional y ajena a la libertad de comercio” seguía el texto.

 

“Nos obligan a traficar el producto a una sola entidad, eliminando la libre competencia y se somete a los tamberos al arbitrio que la entidad de referencia (por ILDOSA) una vez afianzada quiere imponer y peligrosamente coloca al pueblo de Olavarría a merced de una sola empresa, a la que está supeditada” sostiene el texto.

 

La puja no se quedó ahí, ni se fue apagando en los meses siguientes. Todo lo contrario. El miércoles 6 de enero de 1965 (un año después de la entrada en vigencia de la ordenanza), el diario “El Popular” titulaba acerca de el “Operativo retorno de los tamberos”.

 

“Once tamberos multados, uno lesionado, 379 litros de leche decomisados, numerosos tarros secuestrados e incidente verbales en todos los barrios arrojó el ‘operativo retorno’ que la Unión de Tamberos y Lecheros de Olavarría encaró en la mañana de ayer” informaba el matutino local desaparecido hace un par de años.

 

Los lecheros, con sus tradicionales carritos y escoltados por varios proveedores motorizados, salieron a repartir el noble líquido con un itinerario que coincidía con el que tenían antes de la sanción de la ordenanza municipal de 1964.

 

Desafiantes, con la tradicional boina vasca, los lecheros vendían leche cruda a los vecinos del barrio ante la mirada de los inspectores que no daban abasto para controlar la situación.

 

Les salieron al cruce cinco equipos de inspectores de la Municipalidad y dos policías. Interceptaban a los lecheros, les requerían el producto, estos se negaban a entregarlo, recibían “la boleta” por vender leche cruda y los lecheros se negaban a firmarla.

 

Con la fuerza de la ordenanza los inspectores terminaron secuestrando los tarros, para transportarlos al Corralón Municipal, frente a la Plaza Alvaro Barros (donde hoy se construye el Polo Judicial) y allí los esperaba el jefe de la Oficina de Inspección Pedro Miori.

 

El escenario derivó dantesco: los lecheros protestando frente al Corralón para que les devuelvan la leche; vecinos en su apoyo (con una importante presencia femenina) insultando a los funcionarios municipales; un camión de ILDOSA atacado, centenares de litros de leche pasteurizada derramados en la vía pública.

 

Testigos de esos “tiempos violentos” por la mala leche hoy recuerdan haber visto a tamberos arrojando ríos de leche en la calle Rivadavia, desde Belgrano, en dirección al Palacio Municipal.

 

Según datos que pudo recoger “El Popular”, hasta la intervención de los inspectores los lecheros habían logrado vender unos 10 mil litros de leche cruda en los barrios y en el microcentro de la Ciudad.

 

Con el paso del tiempo la resistencia de los tamberos se fue diluyendo. Un dato para nada menor es que durante la segunda mitad de la década del ’60 la Argentina (y Olavarría por supuesto también) estuvo gobernada por la dictadura del general Juan Carlos Onganía.

 

Así ILDOSA terminó por imponerse dentro del mercado alimentario y se transformó en un abastecedor casi excluyente de leche y todos los productos lácteos para los hogares olavarrienses. Primero fue la leche en botella y en los ’70 aparecían los novedosos sachets.

 

En 1984, a 21 años de su fundación, ILDOSA contaba con un plantel de 31 empleados. A esa altura la empresa estaba acosada por una competencia desigual con los grandes tanques nacionales (encabezados por SanCor y La Serenísima) y las dificultades financieras que desde la segunda mitad de la década del ’70 venían erosionando su solidez.

 

En un último intento de salvataje la histórica empresa láctea olavarriense fue adquirida por un empresario de origen chino, pero ya era demasiado tarde para lágrimas.

 

La suerte de ILDOSA estaba echada y sus máquinas se fueron apagando, hasta detenerse definitivamente con el nuevo siglo.

 

Rara paradoja del destino, o no, uno de los más encarnizados opositores de la ordenanza de Portarrieu que imponía la pasteurización de la leche en Olavarría volvió a escena en 2002, cuando Argentina (y Olavarría) trataban de sacar la cabeza después del estallido social de 2001.

 

Helios Eseverri, concejal entonces e intendente con mano de hierro a comienzo del tercer milenio, impulsó la polémica ordenanza 2658/02 que volvía a permitir la comercialización de la leche cruda en todo el Partido.

 

Firmaban la ordenanza el Dr. Julio Héctor Alem (h), presidente del Consejo Deliberante y el Dr. Carlos Eduardo Ligore, secretario del cuerpo.
Fechada el 27 de junio de 2002, sólo seis meses después de la revuelta popular que terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa y con una deuda social pavorosa, el texto decía: “Suspéndase transitoriamente y por el mismo tiempo que rija la Ley de Emergencia Provincial Nº 12.727, la vigencia del artículo 1º de la ordenanza Nº 006 de 1964, autorizándose en consecuencia por el mismo lapso la venta de leche cruda en el ámbito del Partido de Olavarría”.

 

En su artículo segundo decía añadía que “la venta podrá realizarse a domicilio o en comercios del ramo”.

 

Eseverri redobló la apuesta dos meses después, a través de la ordenanza 2666/02 del 8 de agosto de 2002, que en su artículo 4º decía “Derógase el Artículo 1º de la ordenanza 6/964”.
Para don Helios parece, la venganza era un vaso que se servía con leche fría.

 

 


 

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