25-01-2026
Durante una temporada transitarán las calles de Olavarría, disfrutarán de sus parques, acudirán a sus escuelas, conocerán los sitios turísticos más bellos de la Argentina cinco chicos de intercambio rotario provenientes de distintos lugares del mundo.
Son chicos, con sus rasgos culturales, con lenguas diferentes y sueños parecidos, que de otro modo jamás se hubieran cruzado en la vida y están compartiendo un año en Olavarría como parte del tradicional intercambio rotario.
Roxanne Loucas llegó desde el este de Estados Unidos, la vida Zoe de La Guerrande transcurría pegada al Canal de la Mancha, Cora Wiltz es del interior profundo de los Estados Unidos y Gilles Hollange de la región francófona de Bélgica, a un paso de Alemania y los Países Bajos.
Una quinta integrante de este grupo es la brasileña Emmanuelli Torres Marinho do Nascimento, que en la juntada para la charla estaba de viaje conociendo algunas de las maravillas turísticas de la Argentina.
Roxanne eligió a la Argentina y recaló en Olavarría con el objetivo de perfeccionar el castellano. “Me costó un poco al principio, pero me encanta” confesó.
El país fue una de las opciones para perfeccionar la lengua de Cervantes. En el abanico de posibilidades aparecían Colombia, Uruguay, México. “Elegí acá porque es la que está más lejos de Estados Unidos” contó.
Es de Pensilvania, uno de los 50 estados del mapa de Estados Unidos y su hogar está a unas tres horas de Nueva York. “Había estudiado español unos tres meses antes de viajar para acá” sumó.
En pocos meses conoce más del país que muchos nativos. “Estuve en la Patagonia y me encantaron los glaciares; es muy lindo, muy grande, nunca había visto nada igual. Fuimos a Buenos Aires y en otoño vamos a hacer un viaje al norte del país” anticipó Roxanne.
“¡Quiero ir a las cataratas!” exclamó.
Como en todos los intercambios, se integró también en el sistema educativo argentino. “Es distinto a los Estados Unidos. Para mí acá es más libre, se puede comer, tomar mate y charlar en clase. Allá menos, por eso acá me encanta” comparó.
Nada le produjo rechazo: “Me gusta el mate, me gusta el tereré, el dulce de leche, toda la comida argentina. Cuando vuelva lo voy a buscar allá para no perder la costumbre, pero por las dudas voy a llevar mi maleta llena con cosas argentinas”.
Zoe llegó desde Francia y soportó durante los primeros meses en el país las cargadas por la final del Mundial de Qatar. Coincidió su llegada con la de Roxanne y su propósito también, aunque hizo algo de “trampita” en la previa.
“Yo había estudiado español dos años en mi país” reveló y se nota mucho en la fluidez de sus expresiones, aunque todos los chicos lo hablan muy bien.
Salió de Ruán, una ciudad del noroeste de Francia, capital de la región de Normandía, a unos pocos kilómetros del Canal de la Mancha. Su tierra además es un excelente punto de partida por su importancia histórica y por su red de transporte para llegar a los sitios del Día D, el histórico desembarco de Normandía que fue el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa.
“Quería conocer América Latina, entre las posibilidades estaba Colombia y la Argentina y estoy muy contenta de haber elegido este país” valoró.
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“Me gusta mucho, es una ciudad muy tranquila y la gente es muy buena” destacó de Olavarría, donde ya pasó por su segunda familia adoptiva.
En materia gastronómica no encontró grandes diferencias con su tierra natal. “Acá se comen mucho las milanesas y me encanta; también me gustan mucho las empanadas. La diferencia es que allá en mi familia hay más diversidad” expresó Zoe.
Una de sus primeras visitas fue a Tandil, donde vive una hermana de su primera familia, conoció Mar del Plata y comprobó los increíbles encantos de las Patagonia argentina en sitios como Puerto Madryn, el Chaltén, Calafate, el glaciar Perito Moreno, Bariloche, Trevelín.
Sus ojos se abrieron más grandes que en ningún otro lugar en Puerto Madryn: “Vimos las ballenas; allá no hay. También vimos a los pingüinos. Muy hermoso todo”.
“Me gusta que ustedes son muy abiertos; la gente es como una gran familia. En cuatro meses que estoy acá no encontré cosas que no me gustan” citó.
Aunque en esto último podrían ubicarse las cargadas por la final de Qatar. “No me gusta el fútbol, prefiero el tenis y el rugby. Lo miro solamente durante la Copa del Mundo” aclaró.
La rubia Cora Wiltz llegó a Olavarría de Loveland -Colorado- y se instaló en Hinojo. “Mi pueblo acá es muy pequeño, pero muy tranquilo y la gente es muy amable” ponderó.
Tenía algunos conocimientos del idioma por conocidos mexicanos, aunque comprobó que en estos rincones del Sur “es muy diferente, pero lo estoy aprendiendo bien”.
Concurre a una escuela pública y constató que “se toma mate y se habla mucho”. Todo su año transcurrirá en Hinojo, donde tiene como favorito a su pequeño sobrino, con quien comparte los juegos de cartas.
La pueden los choripanes. “Son mis favoritos. En Estados Unidos tenemos algo parecido, pero nada que ver. El mate también me gusta, pero con azúcar” manifestó Cora.
Gilles es el único varón del grupo, arribado desde Bélgica el 28 de agosto e hizo una primera confesión sorprendente: “Los helados de Olavarría son los mejores del mundo. Nunca he probado nada igual”.
Es oriundo de Lieja, al este del país, en la región francófona de Valonia. “Cuando vine a Olavarría no tenía conocimientos de español, aunque tengo facilidad para aprender idiomas con una base del latín, como el español, el italiano o el portugués. Hay cosas muy parecidas” marcó.
Es otro de la barra que no se ha podido resistir a la tentación de las empanadas (“porque allá no hay” acotó) y las milanesas.
“No sé qué tienen los helados, pero son los mejores del mundo. Me gusta el dulce de leche, banana split, chocolate. Lo voy a extrañar porque allá no hay parecidos” reportó Gilles.
Le gustan todos los deportes, juega al bádminton y es futbolero, aunque su camiseta favorita no es de ningún club belga: “Acá soy hincha de Boca y en Europa del Bayern Munich”.
La Bombonera será una de sus visitas impostergables. “Seguramente me va a llevar mi primera familia. Mucha gente dice que es el mejor ambiente del mundo” repitió y la costa es una de las deudas a pagar tras pasar por la Patagonia, las montañas de El Chaltén, Calafate, la maravillosa fauna marina de Puerto Madryn y las termas de Federación, en Entre Ríos.
Su figura espigada se suele ver en los entornos del arroyo Tapalqué: “Me gusta mucho correr en el Parque a la noche. Cuando el sol está cayendo es muy, muy hermoso”.
Identificó lo mejor y lo peor. “La gente es muy buena, muy amable, pero los argentinos son como los franceses, que viven diciendo que son los mejores en todo porque ganaron en ‘fútbol’; son iguales” bromeó Gilles.
“Hay chicos que dejan una huella”
Erika Ippolito y Liliana De la Canal son una especie de tutoras de los chicos de intercambio rotario que eligieron a la Argentina y Olavarría para esta experiencia inolvidable de sus vidas.
Ambas los acompañaron a la charla en el Parque Mitre y Liliana le dejó la palabra a Erika: “La experiencia del intercambio justamente es un año, pero nosotros los intercambistas no decimos que es un año en la vida, sino que es una vida en un año”.
“De verdad que la experiencia es tan fuerte para todos: para la familia que recibe, para el chico que se va, para el extranjero que viene que después, a pesar de que pasa el tiempo en la vida, deja una marca tan fuerte y una conexión que se mantiene para siempre” subrayó.
Erika valoró que el intercambio rotario “no sólo permite aprender otro idioma, sino que los chicos conocen el país y se hacen de amigos de todas partes del mundo, porque de no ser por este intercambio nuestros chicos no se hubiesen conocido jamás y se generan lazos con las familias que los reciben que quedan para toda la vida”.
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Erika tiene debilidad con estos chicos y no hizo nada para disimularlo.
“Son un amor; son súper amorosos y todos tienen su particularidad. Siempre decimos que hay chicos que vienen y pasan por su intercambio bien, pero sin más y otros que dejan huella, otros que vuelven todo el tiempo. De algunos por ahí no tenemos noticias por un montón de tiempo y de repente aparecen y demás, pero la verdad que estos chicos son un amor” confesó.
Este intercambio impulsado por Rotary International es un programa que ofrece a jóvenes en edad escolar de 15 a 19 años -de 100 países del mundo- la oportunidad de aprender un idioma, descubrir otras culturas y “convertirse en ciudadanos del mundo” dice la página oficial de la entidad.
Los intercambios a largo plazo duran un año lectivo, durante el cual los participantes asisten a escuelas de la localidad y se alojan con varias familias anfitrionas.
Existen además intercambios a corto plazo, que duran de varios días a tres meses, se realizan por lo general durante las vacaciones escolares, y pueden adoptar la forma de campamentos, visitas guiadas o estadías hogareñas.
Los participantes reciben alojamiento y comida al igual que asistencia gratuita a las escuelas.
Los costos varían según el país, y los participantes, por lo general, cubren el pasaje aéreo de ida y vuelta, seguro de viajes, tramitación de documentos (pasaporte y visados) y el dinero para gastos personales, excursiones, paseos.
Para postularse los chicos deben contactar con el club rotario más cercano y averiguar acerca de los programas de intercambio que ofrece y los trámites de solicitud.