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Salud Plaza Alvaro Barros: no son los pobres perros, son sus dueños

27-01-2026

Plaza Alvaro Barros: no son los pobres perros, son sus dueños

El ámbito de recreación y descanso, donde día tras días pasan decenas de niños, se encuentra en estado deplorable por las deposiciones de las mascotas.

Es muy habitual con las primeras luces del sol y las últimas horas de la noche ver a vecinos paseando sus mascotas, en especial perros de todas las razas y tamaños, en parques y paseos públicos de la Ciudad.



La plaza Alvaro Barros, frente a donde se están dando las últimas pinceladas al Polo Judicial, no es la excepción y puede comportarse además como caso testigo.


Allí, bien temprano a la mañana se pueden ver gente paseando sus perros en toda la superficie, sobre todo en los espacios verdes, aunque por las pruebas observadas -en una rápida recorrida- sin demasiado cuidado por la salud, ni con la apropiada conducta ciudadana.


En toda la plaza se puede observar materia fecal de los perros. Y no son perros callejeros, ni perros vagabundos en este caso particular; son animales de estimación que suelen salir acompañados por sus dueños.

 


En Olavarría no parece tan acendrada la cuestión del tratamiento de las heces caninas en los paseos públicos. Alcanca con una bolsita, tomar las heces y depositarla en algún contenedor para tal propósito.


Al no levantar la caca de las mascotas, se genera mal olor, contaminación y riesgos para la salud de las personas y los perros. Además, da la imagen y percepción de un barrio sucio y la gente puede pisarla ensuciando otras veredas.


Al secarse, la caca de perro comienza a liberar partículas que se incorporan al aire que respiramos.


A las 24 horas después de no ser levantada el sol solidifica la caca convirtiéndola en polvo y en un transmisor de enfermedades para los niños que juegan en las plazas o para otros animales. La lluvia y la humedad la disuelven y contaminan el agua.


La presencia de heces caninas en las veredas es un problema que sólo puede resolverse con un cambio de hábitos en los vecinos de la ciudad, ya que la limpieza de las veredas le corresponde al frentista.


Las recomendaciones en las grandes ciudades, donde la problemática se complejiza a la enésima potencia, es juntar la caca, llevar bolsitas para hacerlo y disponerla en los contenedores, ya que es un error muy frecuente el tirar la caca en los cestos papeleros.


Otros errores frecuentes son pensar que la caca de perro funciona como abono, que la caca se composta, que es obligación del barrendero juntarla y que se puede tirar en cualquier lado.


Las heces caninas no se compostan, no desaparecen solas, no es obligación de los barrenderos juntarlas, no se arrojan en los cestos papeleros y transmiten enfermedades.


Para tener una idea de la envergadura del problema, según la Asociación de Protección Ambiental (APRA), en la Ciudad de Buenos Aires existen un millón de mascotas, de las cuales más de la mitad son perros que generan alrededor de 70 toneladas de heces caninas por día.


Aquí el volumen es sensiblemente menor, pero denota la misma falta de empatía el resto de los vecinos y con la salud pública

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