05-02-2026
Recibe más de 35 millones de turistas por año y tiene el edificio más alto del mundo, de 828 metros. Cómo se vive en aquella ciudad de Medio Oriente y algunos datos llamativos del lugar.
Durante diez días, Verte recorrió Dubái junto a la agencia de viajes Piana del Sole, que coordinó una salida grupal con 38 viajeros provenientes de distintas ciudades y localidades de la provincia de Buenos Aires.
El viaje dejó increíbles postales y un sinfín de anécdotas, pero también permitió conocer de cerca cómo es la vida en este destino del continente asiático. Dubái es la ciudad más grande de los siete Emiratos Árabes Unidos y uno de los polos turísticos y comerciales más importantes del mundo.
En Emiratos Árabes Unidos viven alrededor de 17 millones de personas. De ese total, unos 8 millones son nativos, mientras que los 9 millones restantes son residentes extranjeros, a quienes nunca se les otorga la nacionalidad. La mayoría de los inmigrantes proviene de India, Pakistán y otros países del mundo árabe, como Egipto.
Ubicada sobre la costa del golfo Pérsico, Dubái se consolidó como el epicentro turístico del país y concentra cuatro de los hoteles más altos del mundo. Allí también se alza el edificio más alto del planeta: el Burj Khalifa, con 828 metros de altura y 385 pisos.
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Su construcción se llevó a cabo entre 2006 y 2010 y lleva el nombre de Khalifa bin Zayed Al Nahyan, segundo presidente de Emiratos Árabes Unidos, fallecido en 2022. En el piso más alto se encuentra la oficina del jeque, desde donde domina visualmente todo el emirato. Y el récord no termina ahí: para 2027 está prevista la finalización de la Dubai Creek Tower, que alcanzará los 1.000 metros de altura.
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El turismo es uno de los motores clave de la ciudad. Cada año recibe entre 35 y 40 millones de visitantes, de los cuales cerca del 60% viaja por negocios y el 40% lo hace por placer. Además, Dubái es un punto estratégico de conexión aérea y marítima: solo el año pasado, 125 millones de personas pasaron por la ciudad como escala.
Las tradiciones también forman parte del paisaje cotidiano. En Emiratos Árabes hay dromedarios, que no deben confundirse con los camellos. Tienen una sola joroba, patas más grandes y están adaptados al calor extremo, por lo que no toleran el frío. De hecho, un camello no sobreviviría al clima de la región. Su carne no se consume porque el animal es considerado parte de la cultura local, y una hembra joven puede llegar a valer hasta un millón de dólares.
Otro símbolo de estatus y riqueza es el halcón, emblema de dignidad en el mundo árabe. Su valor puede alcanzar los 1,5 millones de dólares y, en vuelos de la aerolínea Emirates, pueden viajar incluso en primera clase dentro de jaulas de oro o plata.
Cómo es vivir en Dubái
La vida cotidiana en Dubái tiene reglas claras y particularidades que llaman la atención de los visitantes.
El consumo de alcohol, por ejemplo, está restringido. Solo se vende en hoteles, bares y clubes habilitados, y únicamente a mayores de 21 años.
La seguridad es otro de los puntos destacados: no hay robos ni hurtos y prácticamente no se ve presencia policial en las calles, ya que toda la ciudad está controlada a través de un sistema de cámaras de monitoreo.
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En el tránsito el peatón tiene prioridad absoluta y todos los vehículos se detienen cuando alguien se dispone a cruzar por la senda peatonal. En el transporte público, el metro cuenta con una particularidad: los dos primeros vagones son exclusivos para mujeres y niños.
Las temperaturas extremas también obligaron a soluciones poco comunes. En verano, cuando el termómetro puede superar los 50 grados, existen paradas de colectivo cerradas y climatizadas, e incluso algunas calles cuentan con sistemas de refrigeración.
Uno de los atractivos más fotografiados es el Dubai Frame, una enorme estructura dorada que divide simbólicamente la ciudad en dos. De un lado, el Dubái antiguo, que se desarrolló entre 1693 y 1990; del otro, el Dubái moderno, impulsado en los últimos 20 años bajo el actual liderazgo. Desde allí se observan dos postales completamente distintas desde el punto de vista arquitectónico, separadas por apenas unos metros.
La construcción es constante. Hay obras en calles y autopistas y en cada rincón de la ciudad se levantan nuevos edificios. Inversores de todas partes del mundo llegan a Dubái para instalar sus torres y sumergirse así en el mercado hotelero de este punto turístico de Asia.
Es por ello que se considera un destino para volver a visitar: “Ves obras en todos lados y el paisaje se renueva todo el tiempo, por eso creo que sería lindo volver en 3 o 4 años” consideró Olga, de Bahía Blanca.
Y, a pesar de la fama de ciudad cara, en Dubái hay precios para todos los bolsillos, tanto en gastronomía como en alojamiento y compras. “Venía un poco asustado por el tema de los precios, porque uno suele ver y escuchar que es un destino caro, pero la verdad que me pareció muy accesible en lo que es ropa y calzado, ya que hay muchos shoppings y outlets para recorrer. También en la comida los precios son muy variados y hay muchísimas opciones” opinó Iván, uno de los viajeros del contingente de Piana del Sole que conoció Dubái junto a su hermano y un amigo.
Abu Dhabi y Sharjah, los otros emiratos clave
Además de Dubái, hay otros dos emiratos que cumplen un rol central en el país.
Abu Dhabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, es el emirato más importante a nivel político, económico y petrolero. Allí reside el presidente y es la segunda ciudad más poblada del país.
Alberga la tercera mezquita más grande del mundo, la Mezquita Sheikh Zayed, que lleva el nombre del fundador de la nación, nacido en 1918 y fallecido en 2004. Es la única de EAU abierta al público para visitar y recorrer.
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Su diseño y construcción contaron con artesanos y materiales de muchos países, incluidos Italia, Alemania, Marruecos, India, Turquía, China, Reino Unido, Nueva Zelanda y Grecia.
Más de 3.000 trabajadores y 38 empresas contratistas participaron en la construcción de la Mezquita. Utilizaron materiales naturales, entre ellos mármol, piedra, oro, piedras semipreciosas, cristales y cerámica.
Por su parte, Sharjah cuenta con alrededor de un millón de habitantes, mitad nativos y mitad residentes. Es el tercer emirato más importante y posee el segundo puerto del país.
Se lo conoce como el emirato universitario, ya que tiene universidades estatales abiertas tanto para nativos como para residentes, algo que no sucede en Dubái ni en Abu Dhabi.
Además, es un emirato profundamente islámico: sus normas religiosas rigen para todos, incluidos los turistas, y no se venden ni alcohol ni cigarrillos. Allí también se encuentra el famoso Mercado del Oro, con piezas de oro puro de 24 kilates.