09-02-2026
Destrozos al punto del penal, escupitajos y golpes a los jugadores de San Lorenzo, “avivada” antes de los penales de General Pico. Lo triste que empaña la grandeza del fútbol argentino.
Todo lo maravilloso que el fútbol argentino se ha encargado de producir y provocar desde comienzo del siglo XX siempre tiene que empañarse por el entorno: hinchas, dirigentes, árbitros, futbolistas que no están a la altura de las circunstancias y que nunca pagan por episodios que otras sociedades nunca dejarían pasar…
En realidad, allí nadie se atrevería a hacerlo. Sociedades que jamás sacaron ni sacarán un Messi, un Maradona, un Di Stéfano, un Sívori, un José Manuel Moreno, pero que tienen otros comportamientos dentro y fuera de las canchas.
En la tarde de ayer todas las cámaras dieron testimonio de un plateísta de Huracán escupiendo al arquero suplente de San Lorenzo cuando marchaba a los vestuarios luego de la entrada en calor y otro pegándole a un jugador del “ciclón” sólo por vestir una camiseta distinta a la suya.
Pero ello no se resume en la cancha de Huracán. Actos de este tipo se replican cada partido, en cada punto del país y no pasa nada: algunos días antes el lateral izquierdo de Estudiantes Gastón Benedetti había destrozado con su botín el punto del penal antes del envío que estaba por ejecutar Rubén Botta, de Defensa y Justicia.
En la noche del domingo, quienes no estaban en el detalle de las imágenes televisivas, se preguntaban qué ocurría en la previa a la definición por penales de Ferro de Pico – Racing, el porqué de tanto tumulto.
Un presumible fotógrafo, un pibe joven, con seguridad mandado por algún grande, corrió hasta atrás del arco y robó la botellita donde Rodrigo Vivas tenía anotado los antecedentes de los ejecutantes pampeanos. Y se fue custodiado por la policía, sonriendo, como celebrando su "hazaña".
Este es lado opaco del fútbol argentino, que ensombrece todo lo demás y que tampoco suele tener un repudio a la altura de todo el arco mediático. (Daniel Lovano)