10-02-2026
Según la FAO, uno de cada cinco productos del mar comercializados a nivel mundial es adulterado. El 21 % de los productos en Buenos Aires no coincide con lo que indica su etiqueta.
El fraude en el sector de la pesca y la acuicultura, un mercado global valorado en 195.000 millones de dólares, afecta aproximadamente al 20 % de su comercio mundial, con prácticas como la adulteración con colorantes, la sustitución de especies o la ocultación del origen geográfico del producto.
Según un informe publicado este martes por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), este fraude se define como una “práctica deliberada con intención de engañar a otros” y puede suponer riesgos para la biodiversidad, la salud humana y los sistemas económicos.
El documento, titulado “El fraude alimentario en el sector de la pesca y la acuicultura”, alerta de que esta cifra es notablemente superior a la de otros sectores como la carne o las frutas, debido a la enorme diversidad de especies, más de 12.000, que se comercializan en todo el mundo.
Entre los principales tipos de fraude destaca la adulteración con colorantes para que pescados como el atún parezcan más frescos y la sustitución de especies, como vender tilapia por pargo rojo o salmón de piscifactoría como si fuera salvaje.
En el informe se citan estudios que sugieren que hasta el 30 % de los productos del mar en restaurantes podrían estar mal etiquetados y cita casos de todo el mundo, desde puestos de ceviche en América Latina y locales de marisco en China hasta productos de atún en conserva en la Unión Europea.
En concreto, se analiza el caso de varios países, entre ellos Argentina, donde en la provincia de Buenos Aires, el mayor mercado de productos del mar del país, se detectó una tasa de sustitución de especies del 21,3 %, según un estudio.
En el caso argentino, la FAO denuncia el uso de nombres vernáculos confusos como “pollo de mar” para ocultar al pez elefante, o “perita” en lugar de burriqueta.
Asimismo, se detectó el uso de nombres como “palo rosado” para vender diversas especies de tiburón, lo que genera confusión en los consumidores sobre lo que realmente está comprando.