15-02-2026
Miguel Santagada -docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Unicen y licenciado en filosofía de la UBA-, analizó el fenómeno de los therians, que se expresarán en pocos días en Olavarría.
A los ojos de la “normalidad” su denominación suena extraña, su comportamiento exótico, sus movimientos extravagantes. Son los therians, este movimiento que estará presente el próximo fin de semana en Olavarría.
Los therians dicen sentirse, en un plano identitario o espiritual, como un animal no humano -perros, gatos, lobos o felinos, entre otros- aunque aclaran que saben que biológicamente son personas.
El fenómeno no es nuevo a nivel global, pero sí lo es en la agenda local.
El término therian proviene de therianthropy y se usa para describir a personas que sienten una identificación profunda y persistente con un animal.
A diferencia del furry fandom -más asociado a lo lúdico, estético o artístico- los therians insisten en que su experiencia es identitaria.
Miguel Santagada es docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Unicen, licenciado en filosofía de la UBA y con un doctorado en la Universidad de Laval de Canadá y sigue el tema desde hace más de 25 años.
“Es una buena denominación considerarlos como una tribu urbana, para no caer en el psicologismo medicalista de considerar que esto se trata de una especie de extravagancia, de una patología de carácter psíquico” sostuvo el licenciado Santagada.
“Podríamos decir que, así como hay otras tendencias a disfrazarse de caballeros medievales o incluso las tribus de personas que se reúnen para el running, esta es una forma de sociabilidad postmoderna y lo que vincula a las personas es cierta sensibilidad común y espacios de pertenencia emocional, donde el agotamiento del individualismo moderno ha cedido paso a esta forma de configurar espacios colectivos de intercambio” reflexionó.
“Lo que llama la atención es que, así como el running, como los que se reúnen a cocinar, a probar nuevas recetas y nuevos ingredientes, estos lo que intentan probar es una forma no humana de racionalidad, una forma no humana de existir, sin lenguaje, sin poesía. Sólo a partir de las formas físicas de animales” observó el licenciado Santagada.
Identificó que entre los participantes “no solamente son jóvenes sub-30 o sub-20 los que se prenden a esta tribu. Es minoría, pero hay gente de distintas edades, aunque la juventud para todo movimiento alternativo, de ruptura, tiene cierta prioridad, cierta hegemonía, porque evidentemente -y ahora me traslado un poco al terreno más antropológico- el joven se enfrenta a una sociedad ya establecida que le impone normas y en lugar de aceptarla trata de desafiarla por eso es más proclive el joven a tomar estas movidas disruptivas que los viejos que ya tenemos cierta edad”.
“Los mayores tenemos cierta resignación y el joven hace muy bien en no resignarse, por eso no hay que verlo desde el punto de vista psicológico, sino desde el punto de vista -con mayúsculas- político, porque esto tiene que ver con el espacio público, no con el poder político de las grandes corporaciones sino justamente con el campo que se ha abierto hace ya muchas décadas del entretenimiento, del ocio ¿Qué hacemos en el tiempo libre? ¿Seguimos pensando y actuando como exigía, no sé, el cine de Hollywood de los años ‘50, o buscamos formas alternativas y creativas para expresar nuestros fastidios, nuestros deseos, etcétera?”
Recordó que “el término therians es una apócope que viene del inglés, a su vez tomado de palabras griegas: por un lado ‘theria’, que en griego significa monstruo y el ‘an’ es una apócope de antrophos, que es la idea del ser humano, entonces es como una especie de configuración de bestia humana o de persona animal que claramente intenta conformar algo así como una nueva forma de existir en el mundo actual”.
Como algunas clases de novedades, las reacciones han sido de rechazo hasta burlas. “En general lo nuevo, y especialmente lo exótico, es sentido como una especie de locura, de psicosis vamos a decir por la gente ‘normal’, entre comillas, porque el concepto de normalidad es una forma de protegerse contra los riesgos que impone una cultura represiva como lo es la occidental, moderna, cristiana” reflexionó.
Con un entorno, dijo, que “trata de rechazar por todos los medios lo distinto, lo alterno y esto es una especie de culto, no sólo al otro ser humano, sino también al otro ser biológico. Por eso esta digamos apariencia animal que los therians pretenden manifestar”.
Si bien encierra una noción de respeto a la biodiversidad, al otro biológico, el licenciado Santagada amplió la noción: “En su movimiento inicial intentan hilvanar esta práctica de la búsqueda de la animalidad en ancestros muy antiguos, como por ejemplo la mitología griega, los cuentos populares”.
“Una de las figuras cinematográficas que mejor representa a los seres es el vampiro, es Drácula. Pero también ha habido a lo largo de la historia, las sirenas y seres maravillosos, todos míticos, que expresan esta unidad esencial entre el cuerpo humano, la inteligencia humana y la sensibilidad animal y las formas animales” recordó.
“No nos olvidemos de que el minotauro fue una especie de advertencia, porque habían tenido relaciones el toro, que representaba al dios griego Poseidón, con Pasífae, que era una reina que le fue infiel a Minos, el rey de la isla donde finalmente iba a nacer este minotauro. Es como una especie de castigo por haber violado a la naturaleza. En la mitología griega estos seres, especialmente el minotauro, es sentido como una suerte de transgresión y por lo tanto merece la penalidad” repasó.
Santagada mencionó que los therians como movimiento aparecieron en la última parte del siglo XX. “Da la casualidad de que ellos desafían esas fronteras y eso es lo interesante. El desafío, podríamos decir, irreverente a la frontera -pongo entre comillas- de la jerarquía humana, la superioridad humana, con respecto a la supuesta escala animal, que también es un invento humano”.
En este sentido profundizó en la educación formal, en el nivel secundario que a través de una materia como biología enseñaba “que estaban las hormigas, los insectos, por un lado, mucho más arriba estaba el mono, más arriba del mono estaba el hombre y en el medio estaban las aves y los peces y los invertebrados, etc. Esa jerarquía expresa una manera de ser y de sentir que claramente desafían los therians”.
“Ellos se estarían bajando, metafóricamente, del peldaño de la humanidad e irían hacia abajo, hacia lo inferior, que es en todo caso un gato, un perro, un puma” añadió.
Calificó este movimiento como un “fenómeno generacional”.
“Es muy difícil aventurar una hipótesis a futuro, porque de verdad yo en los años 90, que ya era bastante grande, me sorprendí con la llegada de esto. Sólo que se potencian con las redes sociales y las redes sociales tienen una característica fundamental, que es lo efímero. Nada perdura en las redes sociales: lo que hoy es candente mañana es irrelevante. Pasa en la política, pasa en el consumo, pasa en las relaciones sociales y probablemente -pero no me aventuraría a firmarlo asertivamente- pase lo mismo con los therians. Será una moda que se lleve esta generación”.
El licenciado Santagada preguntó cuándo este movimiento se expresará en Olavarría y reconoció que le “gustaría ver cuánta gente se reúne, cuánta gente va a chusmear, porque esto es una movida política, insisto, no en el sentido de la política gubernamental, administrativa, sino de la política cultural con mayúsculas. O sea, estamos intentando y no sé si lo van a lograr -supongo que no-, abandonar la racionalidad de la sociedad industrial y meternos en una forma de inteligencia que la inteligencia artificial no va a poder emular”.