01-03-2026
Federico Marín regresó a Estudiantes para disputar la Liga Federal, cumplir promesas pendientes y compartir plantel con su hijo Luca.
El inicio de la Liga Federal de Básquet no representa simplemente un nuevo calendario deportivo para Estudiantes. Es, también, el comienzo de una etapa que combina proyecto institucional, consolidación deportiva y una historia personal que encontró el momento justo para escribirse otra vez en casa. Así lo vive Federico Marín.
“El regreso se dio por muchos factores”, explicó el experimentado jugador, que decidió volver al club en un contexto especial. No fue una determinación apresurada. En el medio hubo promesas, entre ellas a Richard (Moyano), histórico utilero albinegro.
Promesas hechas a su hijo Luca
“Era algo que teníamos pendiente desde hace años, cuando él era más chico. Siempre nos preguntábamos si íbamos a poder compartir un equipo y estar dentro de la cancha juntos. Traté de mantenerme de la mejor manera posible para ver si llegaba a cumplir también esa promesa con él”, contó.
La posibilidad de vestir otra vez la camiseta albinegra nunca dejó de rondar su cabeza. Aunque el tiempo y las circunstancias parecían alejar ese escenario, el deseo seguía latente. “Siempre lo tuve en la cabeza. Hubo momentos en que parecía que no se iba a dar, pero después era cuestión de encontrar el momento”, reconoció.
Hoy, esas puntas que durante años estuvieron sueltas lograron unirse: el regreso al plano nacional y la posibilidad de compartir plantel con su hijo. “Lo estoy viviendo con mucha felicidad. Estoy dentro de la cancha, que es lo que más me gusta hacer, pero también dando una mano desde otro lugar”, expresó.
Con la serenidad que otorga la experiencia, Marín entiende que atraviesa los últimos capítulos de su carrera deportiva. “Siento que esta película está cerca del final, y no hay una manera más linda de cerrarla que unir todas las puntas. Lo pudimos encontrar al final de la ruta”, afirmó.
Un proyecto sin urgencias
En el plano deportivo, el referente destacó el trabajo que viene realizando el entrenador Mariano Iglesias, a quien definió como alguien que “volvió al club, hace las cosas en silencio y de muy buena manera, y le llegó el momento justo”.
Según explicó, el técnico logró construir una buena química grupal y transmitir tranquilidad, un aspecto clave para un plantel que apuesta al crecimiento sostenido.
El mensaje hacia adentro es claro: el proyecto no está pensado desde la urgencia. “No se buscó armar un equipo haciendo locuras ni pensando en una solución inmediata”, sostuvo.
La planificación va más allá del resultado inmediato. “Vivimos el proceso. No se trata de salir campeón. Si fuese por mí, que me quedan pocas balas en el cartucho, apuntaría a eso, pero la realidad es que hoy Estudiantes está para competir y profesionalizarse cada vez más”.
Esa profesionalización implica responsabilidad en todos los niveles. “Tenemos que cumplir, cuidar la imagen del club y prepararnos cada año un poco mejor para la instancia que nos toque afrontar”, explicó. El anhelo es volver a los primeros planos, pero con bases sólidas.
Crecimiento integral
El Pájaro también hizo hincapié en el fortalecimiento del básquet formativo. Considera clave potenciar las divisiones inferiores, sumar chicos a la estructura y competir a nivel nacional desde las categorías formativas, además de consolidar instancias Pre-Federales que afiancen el desarrollo local.
En ese marco, celebró la incorporación del básquet femenino a la estructura institucional a través del trabajo de la subcomisión. “Era algo que había que incorporar y está buenísimo que se haya podido sumar”, señaló.
En cuanto a los objetivos deportivos, el horizonte es claro y realista: “El primero será meternos en playoffs. Después veremos qué otro objetivo podemos cumplir”. El ascenso aparece como el gran sueño, aunque entendido como parte de un proceso y no como una obligación inmediata.
Con el debut en el Maxigimnasio cada vez más cerca —cuando Estudiantes reciba a Racing Athletic Club en el inicio de la competencia—, Marín dejó también un mensaje para la comunidad: “Ojalá la gente venga, que disfrute, que se sienta identificada. Y el que no es del club, que también pueda acercarse y vivir un espectáculo. Esto le hace bien a la ciudad”.
El trabajo articulado entre el plantel superior, las categorías formativas, el básquet femenino y las demás disciplinas fortalece una estructura que mira al futuro con planificación y compromiso. Competir es el objetivo; crecer de manera ordenada y consolidar un modelo propio, la meta.
Porque el desarrollo del deporte es también desarrollo de la ciudad. Y porque, a veces, las mejores historias encuentran su cierre exactamente donde comenzaron.