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Deportes “Me propuse estar entre las ocho mejores parejas y lo logré”

15-03-2026

“Me propuse estar entre las ocho mejores parejas y lo logré”

El olavarriense Gustavo “Búfalo” Alessandri fue parte de la élite del pádel mundial en los años 90. Hoy, desde su complejo en Loma Negra, sigue ligado al deporte y recuerda aquella época.


Sin los medios digitales actuales, sin la gran difusión y mucho menos el respaldo económico que existe hoy, el circuito profesional de pádel comenzó a tomar forma en la década del 90. En ese contexto, Olavarría tuvo un representante que logró meterse entre las mejores ocho parejas del mundo.

 

Gustavo “Búfalo” Alessandri fue parte de esa élite. Con el paso del tiempo el deporte se transformó a pasos agigantados y en la actualidad tiene a Federico Chingotto como máximo exponente para los olavarrienses. Lejos de las luces del circuito profesional actual, Alessandri sigue vinculado a su pasión.

 

Después de muchos años de trabajo concretó un sueño personal: crear un complejo de pádel en su localidad natal, Loma Negra. Allí funciona “Búffalos”, un espacio que cuenta con dos canchas profesionales de blindex y que se transformó en un punto de encuentro para los vecinos de la localidad y para los chicos de la escuelita.

 

En un descanso entre clases dialogó con Verte y repasó su carrera, habló de los mejores jugadores de su época y también se refirió al presente del pádel.

 

“Hace no más de un año decidimos con un primo de España hacer realidad un sueño que siempre tuve, un complejo de pádel. Muchos me decían: ‘Gustavo, con toda la experiencia y recorrido que tenés, ¿nunca te largaste a poner un complejo?’. Con mucho esfuerzo pudimos hacerlo. Hoy ya tenemos dos canchas profesionales de primer nivel, techadas y con todos los servicios”, contó.

 

El lugar elegido no fue casualidad. “Está en mi pueblo, en Loma Negra. En eso no teníamos dudas. Estaba seguro que iba a funcionar. La gente está respondiendo mucho y tenemos siete u ocho turnos por día, más las clases. La escuelita está creciendo y la verdad que estamos muy contentos”.

 

Para entender su historia hay que retroceder en el tiempo, hasta finales de los años 80 y comienzos de los 90, cuando Alessandri empezó a dar sus primeros golpes dentro de una cancha de 20 por 10 metros.

 

“Como todos en esa época, arranqué jugando al tenis y en un momento, por un tema presupuestario, migré al pádel”, recordó.

 

En aquellos años trabajaba como profesor en el Club Loma Negra. “Estaba dando clases de tenis y nos hicieron una cancha de pádel. Ahí comenzamos a practicar con José Armendano. Después empezaron los torneos locales, más tarde empezamos a ganar provinciales y nacionales. Hasta que llegó un momento en el que había que decidir si entrabas en el mundo del pádel profesional o te quedabas acá”.

 

La decisión fue clara. “Tomé el camino del profesionalismo, me fui a vivir a Buenos Aires y terminé jugando casi 15 años en el circuito”.

 

Durante esos años compartió circuito con algunos de los grandes nombres de la historia del deporte. “Estaban esos monstruos que ya venían de tener un ciclo muy importante como Alejandro Lasaigues, Roberto Gattiker, Pablo Rovaletti o Javier Maquirriain. Nosotros teníamos que jugar la qualy para ver si podíamos entrar al cuadro principal. Eso te lleva tiempo y mucho desgaste”.

 

El objetivo que se planteó era ambicioso. “Me propuse poder llegar a estar dentro de las ocho mejores parejas y me costó muchísimo. Pero llegó un momento en que estábamos ahí, mezclados con las primeras cuatro parejas, y a veces nos tocaba ganar”.


 

La comparación con el pádel actual resulta inevitable. “Ahora la difusión es mucho más grande. A nosotros nos filmaban apenas un ratito de un partido. Eran tres minutos de grabación donde nos teníamos que mostrar para los sponsors. Era otro momento, pero la verdad que la pasé muy bien, conocí muchísima gente y muchos lugares”.

 

En su trayectoria hay un punto destacado: fue parte del primer Mundial de Pádel. “Se hizo en 1996 en Madrid, en el club Villa del Campo. Tuve la suerte de jugar cinco mundiales”.

 

Su carrera lo llevó a competir en distintos lugares del mundo. “Cuando estuve en Madrid participé en torneos en España, Italia y París. También jugué en México, Paraguay y Brasil. No era como hoy, que en cualquier país hay un circuito o una fecha del Premier Padel. Nosotros teníamos que viajar mucho para poder jugar”.

 

En ese repaso también aparece una autocrítica. “Si en 1996 me hubiera quedado a jugar en España o a dar clases allá, hoy probablemente estaría entrenando a algún jugador o tendría un centro de entrenamiento, como les pasó a algunos contemporáneos. Me hubiera gustado, pero fueron decisiones de vida”.

 

El deporte también cambió profundamente en lo técnico y en los materiales. “Las primeras canchas eran de cemento alisado y jugábamos con una paleta que pesaba casi medio kilo. Hoy están todas en 340 gramos. Las pelotas también son diferentes. Siempre digo que pegar un smash con una paleta de madera de aquella época no era lo mismo que ahora”.

 

Las exigencias físicas también eran distintas. “En ese tipo de cancha las lesiones eran más comunes. El desgaste era tremendo: rodillas, espalda, la zona lumbar. Todo cambió muchísimo”.

 

En cuanto al juego, observa diferencias claras. “Hoy es más difícil ganar un punto. Antes, los que veníamos del tenis, definíamos más rápido. Era con una volea o un smash potente. Ahora el punto se construye mucho más”.

 

Al momento de describir a los mejores de su generación también dejó definiciones. “Alejandro Lasaigues tenía una mente muy poderosa. Sabía que te iba a ganar, pero además lo acompañaba con una fortaleza mental tremenda. Robby Gattiker era el exquisito, venía del tenis y tenía todas las variantes”.

 

En aquellos años, además, la realidad económica del circuito era muy diferente. “Los premios eran bajos. Yo daba ocho horas de clases por día. La marca de paletas me daba algunas para vender y así poder pagar los viajes o los hoteles. La pelea era entrar al cuadro principal y estar entre las ocho mejores parejas, porque ahí la organización te pagaba el viaje y el hotel”.

 

Durante la charla también apareció el nombre de Federico Chingotto, actual número dos del mundo. “Él siguió un poco mi camino. Tuvimos varias notas juntos y en algún momento lo hemos entrenado y aconsejado. Estoy muy orgulloso de lo que está haciendo”.

 

Para Alessandri, el presente del jugador olavarriense tiene una explicación clara. “Es un referente del sacrificio. Conozco el enorme esfuerzo que hicieron sus padres para que pudiera desarrollarse. Fede deja marcado el camino del trabajo y la humildad. Nunca la perdió”.

 

Antes de despedirse, el “Búfalo” aceptó el juego de compararse con algún jugador actual. “Me apodaron así porque tenía mucha facilidad para sacarla por tres. Me plantaba atrás y le pegaba. Era un jugador agresivo, esa era una de mis virtudes”.


Entre risas, dejó su conclusión. “Podría ser algo parecido a Leo Augsburger o Franco Stupaczuk. Hoy andaría bárbaro en el pádel moderno” cerró.


 

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