01-05-2026
En la esquina de Moreno y Álvaro Barros, “Silfer” resiste al paso del tiempo y a la tecnología. Como su abuelo y su padre, Fernando arregla zapatos desde hace más de tres décadas.
“Composturas de calzados en el acto - trabajos a dejar”. El cartel, ya parte del paisaje del microcentro de Olavarría, anuncia mucho más que un servicio: cuenta una historia de más de seis décadas. En la esquina de Moreno y Álvaro Barros, la zapatería “Silfer” mantiene viva una tradición que atraviesa generaciones.
Detrás del mostrador está Fernando Bistos, de 63 años, tercera generación de zapateros. El nombre del local surge de la unión de Silvia —su hermana— y Fernando. El padre de ambos, Héctor Pedro Bistos, aprendió el oficio por su suegro y le trasladó todos los saberes al nieto de éste.
Entrar al local es como viajar en el tiempo: herramientas antiguas, una radio de otra época y un yunque con más de 100 años forman parte de la escena.
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La historia se remonta a 1967, año en que se estableció la zapatería en su ubicación actual. Sin embargo, el oficio viene de antes.
“Mi abuelo nació en Italia en 1906 y cuando tenía unos 19 años se vino a Argentina. La zapatería primero la tuvo en 9 de Julio entre Necochea y Dorrego. Mi vieja nació ahí en el año 36, la hermana en el 34 también ahí y la otra hermana, la más chica, nace en el 43 estando acá, en Moreno y Barros” contó Fernando.
“No sé si mi abuelo ya venía trabajando el oficio antes de llegar acá porque no lo conocí, pero cuando yo era chico el patio acá estaba lleno de hormas de zapatos. Después mi papá -su yerno- empezó a trabajar en eso en los 60 y me enseñó a mí, que heredé el saber y los materiales” recordó.
Aunque al principio no le gustaba ese trabajo, en el transcurrir cambió de opinión: “Con el tiempo uno aprende, le tomé el gusto y ahora no lo quiero dejar” confesó.
Antes de dedicarse de lleno al taller familiar, Fernando trabajó en OCA entre 1988 y 1991. Pero una decisión marcó su rumbo: “Un día mi viejo me dijo ‘venite a laburar conmigo’, llevé el telegrama y me vine”. Desde entonces, pasaron más de 30 años.
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Para él, el valor del trabajo artesanal es irremplazable. “Puedo traer máquinas de Japón, pero lo artesanal no se puede suplantar”, aseguró. Y advirtió sobre los cambios en los hábitos de consumo: “Está instalado que las cosas duran menos. En otros lugares las usan seis meses y las tiran”.
En ese contexto, el oficio enfrenta un desafío generacional. “Lamentablemente está desapareciendo y hay muy poca gente jóven que lo siga. Acá seremos 15 zapateros y chicos de 30 y pico de años hay dos. Los demás tenemos más de 60, yo por ejemplo tengo 63 y pienso seguir unos años más con el trabajo, pero detrás mío no hay nadie que me suceda”.
A pesar de eso, Fernando no piensa en dejar. Atiende todos los días de 8 a 12:30 y de 15 a 18, y asegura que seguirá “hasta que el cuerpo diga basta”.
“El día que me jubile, si todo sigue igual será en dos años, bajo la persiana del local acá pero me voy a seguir trabajando al living por unos años más. Hasta los 70 seguro, después se verá” dijo, recordando que su padre siguió arreglando zapatos hasta los 89.
El vínculo con el trabajo es, para él, una parte esencial de su vida. “No hay satisfacción más grande que tener la plata de uno en el bolsillo, saber que se la ganó trabajando”, afirmó. Y agregó: “Además tengo la satisfacción de hacerlo en algo que me gusta”.
Más que un trabajo, la zapatería es su lugar en el mundo. “Si me sacás de acá, ¿qué hago todo el día? ¿Dónde voy? Miro televisión en mi casa pero me vuelvo loco si no ocupo mi tiempo haciendo algo” se preguntó.
Incluso en días feriados, muchas veces levanta la persiana de su taller: “Mientras trabajo miro la calle, veo pasar gente. En una de esas, viene alguien a pedir un trabajo”.
En tiempos donde lo descartable parece imponerse, historias como la de Fernando Bistos recuerdan el valor de los oficios, del esfuerzo cotidiano y de la pasión por el trabajo. En este Día del Trabajador, su testimonio es también un homenaje a quienes sostienen, con sus manos, tradiciones que resisten al paso del tiempo.
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