01-05-2026
María Carla es albañil. Le adaptaron la cuchara a su medida y aunque reconoce que todavía no domina la técnica del revoque fino, no se da por vencida. También es pastelera y cuando queda tiempo, lava autos. Una historia cercana.
María Carla Martín no dudó en aceptar cuando le ofrecieron trabajar en la construcción y hoy es el principal ingreso de la casa en la que vive junto a su hijo.
Además, prepara pedidos de pastelería y si queda tiempo lava autos en su casa o a domicilio.
La maternidad y las tareas domésticas también forman parte de su rutina diaria. María Carla también tiene una hija que estudia en la universidad y ya trabaja en Buenos Aires.
En diálogo con Verte contó que es peón en las obras de construcción desde hace 6 años aunque reconoce que no es algo fácil.
“Hoy uno se adapta a lo que hay porque la verdad que conseguir trabajo es muy difícil. No le tengo miedo al esfuerzo, al contrario, creo que trabajar te hace más fuerte”, resaltó.
Contó que estudió en la Universidad Fasta la carrera auxiliar de farmacia pero en Olavarría nunca se le presentó una oportunidad. También hizo un curso de pastelería, y ese es otro emprendimiento que sostiene. “Antes trabajé en comercios y varios de los lugares en los que estuve comenzaron a cerrar”, lamentó.
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María Carla trabajó también en una juguetería. “Estuve un mes y me pagaban por día y después no me pagaron más, tuve que dejar y cuando dejé en esa juguetería me ofrecieron trabajar en la construcción y dije que sí. Y ahí empezó esta historia”, recordó.
“Cuando uno es mamá no tenés opción de rendirte, así que a veces llego cansada pero tengo que hacer mandados, cocinar. Me levanto a las 6:30 y espero que venga mi patrón y luego vamos a la obra, donde me toque ir. Entramos 7:30 ahora, antes a las 7, pero como ya está oscuro, entre 7:30 y 8, hasta las 3:30 o 4 de la tarde”, repasó María Carla.
“Inclusive a veces hay que ir a hacer algún arreglo a la tarde y me saben llamar, así que cargamos las herramientas en la camioneta y salimos”, siguió. “Puede ser en un campo o en Sierra Chica porque se rompió un caño y entonces nos llaman. Capaz que estoy en mi casa haciendo una torta y salgo. Es como que estoy disponible”.
Un nuevo comienzo
“La máquina de hormigón ya la sabía usar” contó ante la pregunta sobre lo que tuvo aprender de técnicas y manejo de herramientas. “Me adaptaron una cuchara de albañil a mi tamaño porque eran grandes y se me complicaba”.
Contó que aprendió a usar la zaranda para la arena y la piedra y que todavía le cuesta hacer el revoque fino. “Hice el paredón de mi casa pero no lo debo haber hecho bien porque vi que se está levantando”, sonrió.
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“Donde estoy son todos varones. Me adapto a ellos y hay cosas que evitan que las haga. Pero bajo bolsas de cemento y voy al corralón a comprar materiales. Cargo baldes con la pala y subimos a los andamios, todo eso hago”, enumeró con cierto orgullo.
Siente que es una más aunque reconoce que toma ciertas precauciones que pueden aparejar un riesgo y ve la manera de hacer otra tarea. “La otra vez teníamos que hacer un techo y yo no subí, pero me dediqué a bajar todas las tejas y alcanzar los materiales”.
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“A veces mi hijo me dice: ‘Mamá eso es trabajo de hombre.’ Pero le digo que todo lo que hago lo tengo que hacer por él, más que nada, porque vivimos los dos solitos”.
“Él tiene algunos problemas de salud y a veces debe hacer unos tratamientos fuera Olavarría. Todo eso me genera que tenga que trabajar mucho. Me cuesta dormir también, pero no me queda otra”.
También lava autos en su casa y, para ciertas clientas, lo hace a domicilio.
“Digo que nada es fácil, pero tampoco imposible cuando hay ganas y responsabilidad. En este caso tengo que sacar mi casa adelante”, repasó.
“Ahora en invierno baja un poco el trabajo pero en el verano tuvimos mucho. Trabajamos de lunes a viernes y los sábados a la mañana y a veces hasta las 4 de la tarde sabemos ir”, detalló.
María Carla Martín contó que su hija tiene 27 años, estudia ingeniería en petróleo y en poco tiempo se recibirá. Trabaja para una empresa de filtros en Buenos Aires.
Con el foco en su cotidianidad, reconoció: “Está todo difícil, no me queda otra opción que hacer un poco de todo porque no hay mucho trabajo y por más que tenga todas las ganas a veces no me da la edad”.
“A veces voy a lugares en los que te atienden chicas de 20 años y lo hacen sin ganas. ¿Por qué no le dejan el puesto a otra persona?", siguió.
“También veo que en muchos de los casos que piden empleados ponen como condición que no tengan más de 35 o 40 años. ¿Quiere decir que después de los 40 no servimos más?”, reflexionó.
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