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Información General “Quería generar algo en relación a lo que sucede en el país”

31-05-2026

“Quería generar algo en relación a lo que sucede en el país”

María Eugenia Dieterle es bióloga y dirige el laboratorio de virus emergentes del Instituto Leloir. La sierrabayense desarrolló investigaciones en Estados Unidos y ahora estudia el hantavirus.

 

“Creo que uno sale con todas las herramientas que necesita para poder trabajar en cualquier lugar del mundo. Estoy muy agradecida de la formación que obtuve en el país” dijo la bióloga María Eugenia Dieterle en diálogo con Verte.

 

Oriunda de Sierras Bayas, María Eugenia estudió biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y luego se integró a un laboratorio en Nueva York para proseguir las investigaciones sobre virus.

 

Tras una estancia que se extendió más de lo planeado por la irrupción de la pandemia, María Eugenia pudo regresar a Argentina y sumarse al equipo del Instituto Leloir para estudiar los virus emergentes.

 

La Fundación Instituto Leloir se dedica a la investigación y a la formación de jóvenes científicos y fue creada en 1947 con otro nombre. Su dirección estuvo a cargo del Dr. Luis Federico Leloir , Premio Nobel en Química en 1970, por más de cuarenta años.

 

Con la certeza de que las raíces la guían, María Eugenia regresa asiduamente a Sierras Bayas para compartir tiempo con su familia.

 

-¿Todas las personas que estudian biología necesariamente se inclinan por la investigación o hay otro campo de acciones para esa profesión?
 

-Existen otros campos. Yo diría que en el ámbito privado puede llegar a ser desarrollo pero yo creo que hay un gran porcentaje de jóvenes que empiezan este tipo de carreras para dedicarse a la investigación.

 

-En tu caso, una vez que te recibiste ¿Cuál fue el área de tu interés?
 

- Siempre estuve vinculada a lo que es la biología molecular, o sea, el estudio de las moléculas, el ADN, el ARN, las proteínas.

 

Originalmente, cuando hice mi tesis, mi doctorado, trabajé con una especie de virus bacterianos, que se denomina también bacteriófagos. Lo que estudiaban en su momento era cómo entraban esos virus a las bacterias y en particular se trabaja con unos virus que representan un problema en la industria láctea.

 

Saber cómo entran nos ayuda a entender cómo podemos evitar esas infecciones. También habíamos desarrollado unos anticuerpos para evitar ese primer paso en la infección, siempre desde el punto de vista molecular.

 

Luego pasé a trabajar con los virus eucariotas y ahí ya sabía que me quería ir un tiempo afuera a tomar experiencia y trabajar con técnicas que quizás acá no estaban tan desarrolladas. Sabía que quería hacer un postdoctorado en otro lugar.

 

También sabía que tenía muchas ganas de trabajar con hantavirus. Mi idea siempre fue regresar al país y ese era un tema en el que sentía que había cuestiones para aportar.

 

Cuando empecé a buscar no había tantos laboratorios que trabajaran con hantavirus, ahora quizás un poquito más, pero la comunidad es medianamente chica y encontré un laboratorio en Nueva York que trabajaba con virus que eran medianamente parecidos.

 

Ahí me fui con el plan de irme por 3 años. Luego llegó la pandemia y el regreso no fue tan fácil.

 

Finalmente en el año 2023 me salió el cargo y los cambios en la gestión nacional también complicaron el proceso. El cargo de Conicet también se dilató mucho.

 

-¿Cuándo efectivamente ingresaste a la Fundación Leloir y de qué temas te ocupas?
 

-Empecé en marzo y estoy a cargo del laboratorio de virus emergentes. Ahora comenzó el proceso de empezar a reclutar gente para que trabajen en líneas de investigación vinculadas con los llamados bunyavirus, dentro de los que se encuentra el hantavirus.

 

Es biología molecular medianamente básica y también se trabaja en el desarrollo de terapias con anticuerpos y en el desarrollo de un test de diagnóstico.

 

-¿A qué se llama virus emergentes?
 

-Los virus de emergencia son aquellos que surgen y de alguna forma, por ejemplo a través de una zoonosis, empieza a generar un problema en la población. Y los reemergentes es cuando no están y en algún momento reaparecen.

 

-¿Ustedes trabajan en la parte de detección como en la posibilidad de tratamientos o en una cosa más que en la otra?
 

-A mí me gusta entender cómo el virus se replica dentro de la célula. Y a partir de eso saber cuáles son las moléculas que están vinculadas y, en paralelo, intentar generar herramientas para evitar infecciones.

 

Nosotros no solamente estamos interesados en saber cómo los virus se replican sino también el desarrollar herramientas para evitar eso.

 

Por ejemplo, para el hantavirus hoy no existen terapias, por lo menos para la variedad Andes y para las cepas que se encuentran en el país. Tampoco hay vacunas y tiene una tasa de mortalidad muy alta y eso lleva a una necesidad clara de generar estas herramientas.

 

Mi posdoctorado y parte de mi doctorado fue el desarrollo de anticuerpos monoclonales. En aquel entonces trabajé más en SARS-CoV-2. Habíamos hecho anticuerpos monoclonales que evitaban la infección viral.

 

Después el SARS-CoV-2 mutó con el tiempo y estos anticuerpos ya no resultaron eficientes. Se aprende a dominar la técnica y la idea es usarla y aplicarla al caso del hantavirus.

 

-Una pregunta más personal ¿cómo fue ese diálogo entre tu experiencia en Argentina primero como estudiante, después allá como científica y la vuelta? ¿Cómo se armó todo eso?
 

-Siempre tuve en claro que quería volver con todo lo que se implica, con sus cosas positivas y aquellas que son un poquito cuesta arriba. Claramente no es el mejor momento para hacerlo, pero, sino cuándo.

 

Siempre hay contradicciones y por eso se dilató. Uno está muy cómodo, por lo menos a mí me pasaba, que estaba muy cómoda. Pero en un momento pensé: ‘Quiero tener mi laboratorio, empezar a trabajar con mis propias ideas y no depender de alguien’.

 

Además yo quería generar algo en relación a lo que sucede en el país, a un problema de salud pública, que uno puede hacer una contribución, aunque sea chica.

 

-¿Cómo te resultó la formación que habías tenido en la facultad?

-Creo que uno sale con todas las herramientas que necesita para poder trabajar en cualquier lugar del mundo. Estoy muy agradecida de la formación que obtuve en el país.

 

Así que, al contrario, me parece que acá a veces uno se las rebusca y tiene la necesidad de pensar las cosas un poquito más para que funcionen o ingeniárselas.

 

Entonces aparecen ideas que quizás en un país del primer mundo es simplemente la compra de un kit o se resuelve con un camino más corto. Sin embargo, ese desarrollo y esa necesidad de pensar en cómo resolverlo me parece muy enriquecedor, más cuando te estás formando.

 

Dónde estamos parados

 

María Eugenia Dieterle se tomó un momento para hablar de la actualidad del sistema científico en nuestro país y fue muy enfática a la hora de reclamar que se destinen más fondos para sostenerlo.

 

“Tuvimos una marcha para reclamar por los fondos para la universidad, creo que es importante recalcar lo relevante que es la educación pública y que se cumpla la ley”, apuntó.

 

“Y no solo la educación, también la ciencia. Hoy estamos en una situación crítica donde hay muy poco financiamiento y los salarios son catastróficos”, alertó.

 

“A los alumnos que deciden hacer un doctorado se les hace cada vez más difícil y muchos deciden no hacerlo porque es prácticamente imposible vivir con ese salario”, planteó.

 

“No quiero aportar una visión muy negativa, pero ese es un problema real y si bien no quiero centrarme en eso en absoluto, hay un problema hoy en día en la ciencia y en la educación argentina que espero que se revierta pronto”, cerró.

 

 

 

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