22-06-2026
Cabo Verde volvió a ser noticia en el Mundial. A comienzos del siglo pasado la revista Caras y Caretas narraba la historia un grupo de inmigrantes africanos que se instalaron en Mar del Plata.
Cabo Verde puso este domingo en el estribo del avión con destino a Montevideo a la selección uruguaya con otra actuación memorable y un resultado que volvió a romper los prodes entre empleados de oficinas, comercios y talleres.
No es una comunidad ajena la historia de la inmigración argentina. Al contrario, el grueso de los caboverdianos se instaló en el AMBA. Sin embargo, hay una bella historia de africanos que se instalaron en la Costa Atlántica y fue rescatada este lunes por el diario La Capital de Mar del Plata.
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En febrero de 1910, la Revista Caras y Caretas dio cuenta de un grupo que trabajaban en el cuerpo de rescate de la Prefectura de Mar del Plata. “Son 24 de color ébano, lustrado a muñeca”, reza el texto.
El subprefecto Juan Carlos Balda informaba que llegaron a Mar del Plata en 1905 cuando “el contralmirante Blanco, a raíz de la reorganización de la subprefectura, mandó a traer dos docenas de negros nadadores de San Vicente”, una de las islas del archipiélago.
En febrero de 1913 la misma revista dedicó otro artículo a “Los famosos negros nadadores de Mar del Plata” e insistió en que fueron “contratados ex profeso en el país donde mejores nadadores existen”.
Solo un mes más tarde, una crónica del diario "La Capital" dio cuenta del rescate de un joven que se estaba ahogando frente a Playa Bristol.
Quienes lo sacaron de las aguas fueron dos caboverdianos: el cabo Luis Alfonso, de Prefectura y el bañero Antonio Monteiro. Gracias a ellos, el joven Florencio Molina Campos pudo seguir con vida y convertirse en el famoso pintor de la vida campera.
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La diáspora de los caboverdianos, impulsada por sequías y hambre, comenzó a fines del siglo XIX y se prolongó en sucesivas oleadas hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
Se esparcieron por todo el planeta y, en el caso de Argentina, eligieron destinos portuarios.
En Mar del Plata, así como en otros destinos, hicieron valer sus dotes de nadadores y encontraron trabajo como rescatistas de la Prefectura o como bañeros. Muchos de ellos formaron familia y perpetuaron sus apellidos portugueses: Sosa, Monteiro, Ramos, Nereu, Chagas, Martins, Soares, Ribeiro, Duarte, Forte y Pintos, entre otros.