24-06-2026
Hoy cumple 107 años Elvira Hurtado, nadie más longevo que ella en Olavarría. Nació en plena inundación de 1919 y la vio desde que era un pequeño caserío hasta convertirse en una gran ciudad.
Cuando ella nació faltaba más de un año para que cuatro locos se subieran a la azotea del Teatro Coliseo de Buenos Aires para producir el más revolucionario invento de la comunicación desde que Gutemberg inventó la imprenta: la radio.
Cuando ella nació faltaban aún 11 años para que Jules Rimet pudiera concretar su gran proyecto de juntar a los equipos nacionales en un campeonato mundial de fútbol: Uruguay 1930.
Desde que ella nació aún pasarían 8 años hasta que la familia un comerciante y una docente de Villa Cañas trajeran al mundo a dos mellizas, a una la inscribieron en el Registro Civil del pueblo como Silvia y a la otra como Rosa María Juana Martínez. A los pocos años a la segunda se la empezó a conocer por su pseudónimo profesional, Mirtha Legrand.
Ella es Elvira (Hurtado) y hoy va a soplar tantas velitas que no caben arriba de una torta de cumpleaños: 107.
Elvira es la olavarriense más longeva, una de las personas más longevas de la provincia de Buenos Aires (si no la más longeva) y ocupa un lugar privilegiado en la lista de las personas centenarias de la Argentina.
Ella, que tiene una memoria y una lucidez prodigiosa, repasó que nació “en un año que todos lo recuerdan, por la inundación del año 19, que fue la más grande que sufrió Olavarría”.
Y quién sería capaz de contradecirla con la del '80 o la del '85, si nadie ha sido tan testigo de la historia de esta tierra como Elvira.
En efecto, el diario El Popular en su edición del miércoles 9 de julio de 1919 decía que “el sábado 29 por la tarde dieron comienzo las lluvias (...) El jueves continuaron cada vez con mayor fuerza y el viernes a la noche adquirieron carácter torrencial”.
“Desde su fundación jamás los habitantes han conocido un peligro tan grande como en esa fecha” acotaba el medio desaparecido hace tres años.
Bajo la atenta mirada de su hija Silvia Recio y su cuidadora Cecilia (La “Chechu”) Elvira rescató de su memoria los relatos de su madre de dónde y cómo fueron aquellos días de su nacimiento.
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“En esa época no había obstetras, nos traían al mundo las comadronas del pueblo. Yo nací en una casa por donde está ese edificio grande en la calle Bolívar (el Polo Judicial) y había tanta agua en el pueblo que a mi madre y a mí nos sacaron sobre una tabla que iba desde la ventana a un carro y así nos llevaron al campo” contó.
Nacer un 24 de junio en la Argentina no es nacer un día cualquiera. Es la fecha en la que vinieron al mundo -además- Juan Manuel Fangio (en 1911), Ernesto Sábato (1911), Juan Román Riquelme (1978) y Lionel Messi (1987). También el día que se apagaron las vidas de dos íconos de la música popular, como Carlos Gardel (en 1935) y Rodrigo Bueno (en 2000).
La escuela en casa
Como sus padres Juana Renero y Marcelino Hurtado eran trabajadores rurales a los pocos días de su nacimiento Elvira se fue para el campo y allí vivió hasta 1950.
“Yo de joven estuve siempre en la Campaña. Anduvimos por distintos lugares; en Iturregui, Blanca Grande, Pourtalé. Sobre el Camino de los Chilenos mi padre trabajó en varios campos” contó.
“Cuando vivíamos en la zona de Pourtalé mi padre ya era propietario del campo, pero en los otros lugares era empleado en los establecimientos. En aquellos años, cuando se tomaba un empleado, nos daban la locación completa para toda la familia” mencionó.
“Mis hermanos también trabajaban para esas personas” añadió. Juana Renero y Marcelino Hurtado tuvieron 11 hijos, 6 varones y 5 mujeres.
Sus recuerdos más fuertes están ligados a la vida rural, como su escolarización: “¿Adónde fui a la escuela? En la Campaña, en mi casa. Nos llevaban una chica con sexto grado, nunca una maestra recibida, que nos enseñaban a leer y a escribir a los chicos del campo. En mi casa éramos tres o cuatro hermanos en edad de escuela y después algunos vecinos. Llegamos a ser once chicos en casa”.
“Vivían en sus casas, pero todos los días venían a la casa mía y cuando terminaba el horario cada uno se volvía a su casa” añadió.
Pero la historia de Elvira con la escolarización no culminó con esa jovencita de sexto grado, sino un siglo después. Hace dos años terminó la escuela primaria, con diploma y todo.
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“A mí me gustaba leer, me gustaba enterarme de las cosas. Siempre fui demasiado curiosa para lo que uno había aprendido y eso ayuda. Uno se preocupa por encontrar esa noticia o lo que sea para estar siempre informado. A otras personas no les gusta leer o enterarse de las cosas, a mí siempre me gustó. Cuando uno es un poco curioso busca todo” bromeó y enseguida soltó una tierna carcajada.
Elvira habla con una claridad meridiana y entrega los conceptos firmes, como cuando conoció a su esposo, con quien se casó a los 38. Y volvió a hacer gala de su sentido del humor: “En mi época vestí a unas cuantas iglesias (risas). Si a los 20 años una chica no estaba casada ya le empezaban a decir que iba a ser una solterona”.
Ahí intervino en la charla su hija Silvia. “Mamá era revolucionaria para su época: se casó a los 38 años, mi papá era dos años menor que ella cuando en esa época los hombres debían tener unos cuantos años más que sus esposas y me tuvo a los 40 años. Ella siempre ha sido muy independiente” valoró.
El esposo de Elvira y papá de Silvia, Adolfo Recio, era de la zona de Blanca Grande y falleció muy joven, a los 52 años, de una cruel enfermedad. “Mamá es una luchadora, una gran luchadora. En su caso es cierto que lo que no mata fortalece” dijo Silvia, orgullosa.
Adolfo ayudaba a su padre carpintero y recorrían los campos del Partido. Entre trabajos con la madera se fueron conociendo y así nació el amor. “Nos casamos en la iglesia Monte Viggiano” acotó.
“Obviamente, como era tan rebelde, no se casó de blanco. Se casó de vestido corto y de color. Ella siempre fue de hacer lo que sentía. Una adelantada para su época” sumó su hija Silvia.
Elvira retomó su viaje al pasado y habló del delivery de aquellos años para recibir los alimentos y otras cosas de la casa.
“Se le decía ‘el galerista’, era de apellido Bricka. El salía de acá el primer día del mes, hacía el recorrido el 2, el 3 regresaba con los encargos de todos los campos. Nos llevaban los alimentos, si necesitábamos algún remedio de la farmacia, el diario. Así se vivía en el campo en esos tiempos, que no había las comodidades que hay ahora” comparó.
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Elvira no tiene tiempo para distraerse, entre las noticias que la ocupan, vive pendiente de Boca, no se pierde detalle del Mundial, participa del taller de la memoria y mantiene su afición al canto, que mostró sin rubores frente al grabador interpretando las primeras estrofas de “Cuesta abajo”. Un tango que empezó a escuchar como tantos otros en las vitrolas y los fonógrafos de aquellas reuniones camperas.
No hubo que pedírselo dos voces que Elvira empezó a vocalizar: “Si crucé por los caminos/Como un paria que el destino/ Se empeñó en deshacer/ Si fui flojo, si fui ciego/ Sólo quiero que comprendan/ El valor que representa/ El coraje de querer” y la estrofa no pudo terminar de otra forma que con un aplauso.
“Los años no han pasado y eso yo lo cantaba cuando era más joven que ahora. La memoria me falla un poco” se excusó, sin necesidad, porque la emoción ya había ganado el ambiente.
Hoy tal vez se lo pedirán y vuelva a interpretarlo. Será una tarde de tortas y chocolate en la casa de Elvira y va a ser una romería con familiares, sobrinos que pasan los 90 años, amigos y conocidos, anunció su hija Silvia.
La romería de los 107 años bien vividos de Elvira.