22-07-2026
El dato surge de un informe sobre las teorías conspirativas tras la derrota de Argentina ante España en el Mundial 2026, las cuales crecieron 4 veces en 48 horas.
La derrota de Argentina frente a España en la final del Mundial 2026 no solo generó tristeza entre los hinchas. En las horas posteriores al partido comenzaron a multiplicarse en X, TikTok, Facebook y YouTube publicaciones que sostienen que la Selección “tenía prohibido ganar” o que el partido fue “entregado” por intereses políticos o económicos.
Uno de los contenidos que más alimentó esas especulaciones fue el video de la arenga de Lionel Messi antes de salir a jugar la final. En las imágenes se escucha al capitán decir: “Olvídense de todo”, lo que fue interpretado como una supuesta referencia a presiones externas o a un acuerdo para dejarse perder.
Aunque las versiones son distintas entre sí, todas responden a la lógica de las teorías conspirativas: sostienen que la derrota fue producto de una acción deliberada y oculta, sin aportar evidencias que lo demuestren.
Reputación Digital difundió un informe luego de haber analizado 490.890 menciones únicas en redes sociales y medios de comunicación entre el 12 y el 21 de julio, para comprender cómo se construyeron y difundieron las teorías conspirativas luego de la final del Mundial.
La misma arrojó las siguientes conclusiones:
* La conversación sobre un supuesto “amaño” o “arreglo” del partido se cuadruplicó en apenas 48 horas, hasta representar el 17,8% de toda la conversación sobre el Mundial.
* La teoría “Tapia entregó la final” fue la que más creció: aumentó 14 veces en un solo día y presenta indicios de difusión no orgánica.
* Solo 1 de cada 5 argentinos que participaron de esa conversación cree genuinamente que hubo un arreglo en contra de la Selección.
* El análisis muestra que las principales teorías conspirativas se construyeron sobre hechos reales, que luego fueron reinterpretados y amplificados en las redes sociales.
El informe también reflexiona sobre el impacto de estos fenómenos en la conversación pública y cómo el deporte puede convertirse en un espacio donde se reproducen los mismos mecanismos de desinformación que luego aparecen en otros temas de interés social y político.
(Foto: Andrés Arouxet)