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Deportes Un largo camino de regreso a casa

22-07-2026

Un largo camino de regreso a casa

Cuarenta y cinco años después de su llegada, cuatro décadas después de su partida, Luis Barbieri volvió a Loma Negra. Sus recuerdos de una época dorada y los desafíos de la actualidad.

 

Cuarenta y cinco años y medio después de haber atravesado esa entrada por primera vez, más de cuarenta años después de haber salido por última vez, Luis Barbieri volvió a Loma Negra para desempeñarse como entrenador de arqueros del equipo de primera división.



Quedó muy lejos en el almanaque aquella llegada en el verano de 1981, junto a otras figuras del fútbol argentino, para iniciar un proceso igual de inédito que exótico para tratar de clasificar por primera vez a un equipo de Olavarría a un campeonato Nacional.



La memoria, en cambio, se encarga de mantenerlo cercano entre los contemporáneos que tuvieron el privilegio de ver un nivel como nadie se hubiese atrevido a imaginar y para quienes no lo vivieron sobran los archivos que hablan de semejante grandeza.

 

“Nos estamos poniendo viejos; ahí uno se da cuenta del tiempo que ha pasado” bromeó Luis, que ya se calzó los botines y los guantes para trabajar con los arqueros celestes.



“Yo había arrancado en Ferro antes de la pandemia. Roberto Vidal me pidió si podía darle una mano y yo mucho no quería, porque cuando Claudia (su esposa) tiene libre nos vamos al campo, me voy a la chacra, aunque esto para mí es como una enfermedad, porque trabajé 25 años en los barrios con los pibes. Después durante la pandemia en la Municipalidad -por mi edad- me mandaron a guardar y cuando se levantó la cuarentena Ferro ya tenía su entrenador de arquero” repasó.



Hasta que llegó hace unos 15 días el llamado de Marcelo Verna y Luis no pudo con su genio, ni con lo que tiene impregnado en su ADN. “Me contó que el anterior entrenador de arqueros se había radicado en otra ciudad, creo que en Buenos Aires o en La Plata y me ofreció el cargo. Le dije que full time no, porque viajo seguido al campo; Marcelo aceptó que trabaje con los chicos un par de veces por semana, pero yo me entusiasmo y quiero estar todos los días” aceptó.



Faltaba la aprobación del entrenador Nicolás Rosales y su asistente Cristian Di Pangrazio y la respuesta fue obvia. “Arrancamos y las sensaciones fueron muchas cuando volví a entrar al club. Tengo que reconocer que me temblaron un poquito las ‘bailarinas’; porque hemos pasado tantas cosas lindas, me ha dado tanto el club -enfatizó- no solamente en lo deportivo sino en lo humano. Vine por 6 meses en el 81 y todavía ando por acá”.



Luis recordó que fue de los primeros en llegar, en una lista que completarían Armando Mario Husillos, Carlos Squeo, Charly Carrió, el “Gallego” Vázquez, Osvaldo Gutiérrez, Carlos María Magistral, Ricardo Lazbal, entre otros, más los refuerzos locales. “Muchas emociones, sensaciones, muchos recuerdos vividos que vienen de ese pasado” reconoció “Baby”.



“En el primer entrenamiento hubo un despliegue de material que ni en los equipos de Buenos Aires había tenido. Nos quedamos asombrados por los elementos y eso que la mayoría de nosotros había pasado por clubes grandes. Entró a la cancha el profesor (Jorge) Habbeger como con 20 pelotas Pintier cero kilómetro, botines nuevos, zapatillas nuevas, ropa nueva y todas las facilidades que nos dieron. Muy raro para un equipo del interior, pero había una empresa detrás como Loma Negra” contó.



Hasta las palabras de la primera charla rescató de su memoria: “Nos dijimos ‘tenemos que dejar la vida en cada partido acá, porque no vamos a encontrar otro club como éste’ y así fue. Si bien había buenos jugadores, algunos éramos grandes ya, con una trayectoria importante, pero no estábamos a la altura de un River, que tenía 7 jugadores de la selección argentina campeona del mundo y a todos les jugamos de igual a igual”.



“La frutillita del postre fue ganarle a la Unión Soviética. Aunque no nos subestimó arrancó el partido con algunos suplentes y después terminaron poniendo a todos los titulares. Loma Negra a nosotros nos dio un montón, pero nosotros lo poco o mucho que teníamos lo dejábamos en cada entrenamiento” acotó Luis, a quien no le hicieron un solo gol como local en todo el Nacional 1981, y eso que por el “Buglione Martinese” pasaron River (campeón de ese Nacional) y el Ferro Carril Oeste de Carlos Griguol, subcampeón detrás de los gigantes del fútbol argentino en los dos campeonatos de aquel año.



Siguen los recuerdos con el buzo “celeste” (aunque el suyo en realidad era azul, con las iniciales de sus tres hijos estampadas en el pecho) pero Luis Barbieri y Loma Negra también configuran este presente, ahora como maestro de los tres palos (“el mejor del fútbol argentino” dijo allá por 2007 Luis Quintela, cuando compartieron un gran Racing que perdió la final por el ascenso al Argentino “A”).


“Yo siempre fui un tipo muy activo -reflexionó-, muy inquieto; por suerte no tengo ningún problema físico y eso me ayuda. Espero seguir así. Esto es volver y recordar todo lo que vivimos en Loma Negra y en una cancha, con la pelota, con los chicos, tratando de volcarles un poco de lo que uno aprendió a los golpes en la vida. Porque yo siempre les cuento que nosotros nunca tuvimos entrenador de arqueros, nunca vimos un video de cómo se trabajaba, nada. Fue todo a los golpes. Ahora tenemos otra posibilidad y yo feliz de volver al ruedo. No sé hasta cuándo me van a dar las bailarinas, pero les vamos a meter hasta que las velas se apaguen”.

 

“Vamos a tratar de darle las herramientas como para que ellos vayan evolucionando, a los tres que tengo -Benja (Díaz) y Pedro (Ibalo) y Gonzalo (Rizzi)- y lo que a mí me gusta es que tienen ganas de aprender, aunque yo no sé si les puedo enseñar mucho” planteó.



¿Podrá hacerlo el mejor arquero que ha pasado por el fútbol de Olavarría?



Respuesta retórica como pocas.

 

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