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09-08-2026

El pequeño guerrero que conmovió a todos

Santiago peleó contra el cáncer, ganó, fue recibido en su regreso a Olavarría luego de 8 meses y esas imágenes se viralizaron. “Feliz y agradecido de la vida” dijo. Una historia de lucha familiar.


La dulzura que irradian esos ojitos medio escondidos por encima del barbijo es capaz de aflojar las rodillas aún a los más duros. Santi ya está en su hogar después haberle dado una dura pelea al cáncer y de haberlo vencido; su figura emociona, transmite una energía inexplicable.


Después de que su papá abre la puerta para recibir a los visitantes baja con un saltito de una silla casi más alta que él, saluda con su puño y una sonrisa indisimulable detrás de ese pedazo de tela blanco que cubre su boca y vuelve a sentarse de espaldas a una barra de madera.


“Querés decir algo” le recuerda su papá Gonzalo, ante la mirada cómplice de su mamá Agustina y su hermano mayor Martín, la guardia pretoriana que no lo dejó sólo en esta lucha que se prolongó por 8 meses y lo mantendrá vigilante por casi dos años.


“Sí” responde con timidez y repite el saltito para caminar un par de pasos hacia el sillón que está pegado a la ventana del frente de la casa.

 

 

Gonzalo, en una charla previa, había contado el pedido de Santi para hablar, a pesar de la mesura de sus papis por no exponerlo ante la explosión mediática que se disparó luego de difundirse las imágenes de su retorno a Olavarría, el paseo en autobomba junto con su mamá, su hermano y algunos compañeritos del cole hasta su casa, el pasado fin de semana.


De esa recepción que, apenas la vio, Santi sospechó que era para algún jugador de la selección argentina. “Feliz y agradecido de la vida. Yo no sabía nada del recibimiento. Encontré a mis compañeros, primos, amigos y a mis abuelos” recuerda, mirando de reojo como papá Gonzalo, mamá Agustina y Martín asienten sus palabras.


Ocho meses después de haber transitado sus horas entre el Hospital Italiano y la Casa Ronald Mc Donald, un hogar de la marca de hamburguesa que brinda alojamiento y contención a familias de todo el país con hijos en tratamientos médicos de alta complejidad.


“La primera vez que fuimos me hicieron elegir un juguete para que me lo quede y bueno, después te dan la habitación. Hay muchos chicos que están pasando por lo mismo y yo me hice amigo de algunos” cuenta.


A Santi le encanta el fútbol, habla de su Boca mientras espera en la tele el partido con Estudiantes de La Plata y de sus ganas de ver un partido en “La Bombonera”, de que ama a Leo Messi, de que en cuanto los médicos se lo permitan volverá a ser el artillero que están esperando en la escuelita de fútbol de Ferro…


“Ver a un hijo tan fuerte, contagia”

“Estamos relajados, disfrutamos de cada rincón de la casa a los que nunca antes le habíamos prestado atención” confesó papá Gonzalo Adala camino a la puerta, después de haber conocido al héroe de este asunto, que no es el único: hay una familia detrás que no sólo en las pruebas de running que comparte con Agustina coronan los cuatro juntos y de la mano.


Los recuerdos más inmediatos, la recepción que se hizo viral, son los que surgen primero en la charla previa con Gonzalo: “Fue un cierre de ciclo en un proceso muy difícil, así que estamos muy contentos. Sobre todo Santi está muy contento; ya quería volver a estar con sus amigos, con su gente, con su familia, estar en su lugar, en su casa”.


La familia sólo tenía la información de que los iban a estar esperando en la entrada a la Ciudad. “A través de mi mujer, que se estaba contactando con las mamás de los compañeritos de Santi en la escuela (ECEA), nos dijeron que les avisemos apenas terminara la etapa más brava de quimioterapia allá en Buenos Aires porque le querían dar una bienvenida”.


Ese momento llegó cuando los oncólogos recibieron a la familia con la alegría pintada en sus rostros para comunicarles que la tomografía revelaba que la quimio había funcionado muy bien y que la enfermedad ya no estaba en el organismo de Santi.


“Con esa culminación y ante la felicitación de todos los oncólogos ahora por protocolo se sigue una etapa de mantenimiento con pastillas hasta noviembre del año que viene. Ahí culminó ese ciclo más duro, nos quedamos un tiempito más en Buenos Aires haciendo algunos controles de rutina. Avisamos que estábamos volviendo y que fueran al puente de los Emiliozzi” narró Gonzalo.


Entonces pasó lo que pasó, que conmovió no sólo a la familia, a sus amigos, a una ciudad, sino al infinito universo virtual.


“Fue el cierre que Santi se merecía y por eso se viralizó tanto el video, porque esta causa y esa batalla que dio Santi -como miles de chicos que están pasando por ese proceso-, llena de energía positiva y es lo que nosotros queremos que comunique el mensaje, para esos chicos que están transitando por lo mismo o para aquellos que en algún tiempo les pueda suceder algo parecido” sumó Gonzalo.


“Lo primero que pregunté fue ‘¿será acá, mirá toda la gente que hay?’. Y le empezamos a decir ‘no será por la selección’. A esto lo asemejo mucho con lo que se vivió en el Mundial, el orgullo de ser argentino, la empatía de los argentinos, la solidaridad ante estos casos donde hay que afrontar una adversidad” reflexionó.


“El fútbol me dejó una enseñanza como padre, como adulto: que la actitud ante la vida en todo -sea menor o mayor el problema- tiene que ser lo que hizo la selección, que nunca hay que darse por vencido, aunque todo parezca perdido y para mí la actitud de estos chicos los llevó a sobrellevar todo el tratamiento. Se ve lo que transmite un argentino cuando está en la adversidad” acotó.


“Obvio que influye la personalidad y que Santi desde un primer momento fue para adelante, fue un jugador de la selección que quería llegar a la final. Nunca decía ‘este partido lo voy a perder’ y eso fue fundamental para nosotros. Ver a un hijo que está tan fuerte, contagia” confesó.


 

“Santi está en una felicidad total”
 

El año pasado, luego de esa competencia en Córdoba donde los cuatro llegaron a la meta tomados de la mano algo no empezó a estar bien en Santi. Los dolores en sus rodillas no se iban, la fiebre no bajaba.


“Nos fuimos a Buenos Aires, después de una serie de estudios nos agarraron los oncólogos, los pediatras y nos dijeron ‘bueno, tiene linfoma linfoblástico tipo T (NdR: un tipo de cáncer de los ganglios y la sangre), tiene cura, pero el tratamiento es muy duro y se van a tener que venir a vivir por lo menos 8 meses a Buenos Aires’. Ahí empezó la incertidumbre. Nos transmitieron que tanto Santi como su hermano mayor iban a necesitar que estemos acompañándolos y -sobre todas las cosas- fuera del hospital transmitirles felicidad y energía” recordó.


“El desafío fue doble, triple o cuádruple, porque ante semejante noticia además teníamos que resolver dónde vivir, qué hacer con nuestros trabajos, qué hacer con nuestro hijo mayor de 12 años, que después tenía que comenzar la escuela, ver si al tratamiento lo cubría la prepaga. Todas esas cosas en la misma reunión que nos dieron el resultado fue un golpe que no se puede explicar, y los primeros dos o tres meses fueron durísimos, cuando empezó el proceso de quimio, que es muy invasivo” acotó.
 

Al finalizar su dramática descripción, Gonzalo pidió por favor no omitir las menciones para el personal del Hospital Italiano y de la Casa Ronald Mc Donald. “Todos se portaron de diez. Nos abrazaron desde un primer momento, nos contuvieron y nos hicieron más amigable lo que estábamos pasando, con una calidad humana increíble” agradeció.


Santi hoy está de regreso en Olavarría, en su casa, en su barrio, con su familia, con sus amigos y Gonzalo describió lo mismo que se pudo constatar en esa visita porque “Santi quiere hablar”, como había expresado su papá durante esta charla.


“El está en una felicidad total; en cada palabra que dice transmite felicidad, sus ganas de hacer. Lo primero que quiere es volver a la escuela y tenemos reuniones para saber qué debemos tener en cuenta para cuando retorne, porque las pastillas de la quimioterapia le bajan las defensas, pero de a poquito va a retomar la vida normal, a jugar al fútbol y todas esas cosas” celebró Gonzalo.


Y, además, volver a llegar a una meta los cuatro juntos, de la mano, como en la vida.

 

 

 

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