16-08-2026
Integrantes del Programa Permanente de Estudios de la Mujer observaron que la repercusión se relaciona con aquello que se espera de una mujer y de una madre.
Desde el Programa Permanente de Estudios de la Mujer (PPEM) que funciona en la Facultad de Ciencias Sociales de la Unicen brindaron su punto de vista sobre la repercusión que generó en la sociedad el caso de una mujer de 62 años que dio a luz esta semana en San Nicolás, provincia de Buenos Aires.
Las especialistas señalaron que el caso lleva a preguntarse por las ideas que existen alrededor de la maternidad, la edad y las decisiones de las mujeres.
También, apuntaron, “hay que observar cómo fue presentado el acontecimiento como noticia, por qué alcanzó repercusión nacional y qué voces tuvieron espacio para hablar sobre el tema”.
“Lo que impacta es el hecho de que una mujer de esa edad pueda dar a luz y ahí se puede ver qué se pone en juego en caso de las mujeres, y no así en el de los varones”, apuntaron.
En este sentido, recordaron que existen casos de “hombres famosos” que fueron padres a edades avanzadas sin provocar el mismo nivel de cuestionamiento social. Tal es el caso del médico Alberto Cormillot, quien fue padre nuevamente después de los 80 años.
“La edad no es apreciada de la misma manera cuando se trata de la maternidad que cuando se trata de la paternidad. Sobre las mujeres continúa existiendo una regulación respecto de cuándo deberían ser madres, de qué manera y bajo qué condiciones”, explicaron.
“Mientras la paternidad de un hombre mayor puede ser presentada como una decisión personal o como una situación excepcional que despierta curiosidad, la maternidad a una edad avanzada rápidamente despierta preguntas acerca de si esa mujer ‘debería’ haber tomado esa decisión, si podrá criar a su hijo o incluso qué ocurrirá con ese niño en el futuro”, anotaron.
Esas preguntas permiten analizar cuánto persiste todavía una representación de la “madre ideal”: parece que una mujer debería maternar dentro de determinadas edades, condiciones familiares y formas de vida. “Cuando una experiencia se aleja de ese modelo, aparecen con mayor fuerza el cuestionamiento, la sospecha y el juicio social”, destacaron.
¿Cómo llegó esa historia particular a ser una noticia?
El Programa Permanente de Estudios de la Mujer (PPEM) está integrado por Griselda Astudillo, Celeste Bórmida, Yanina Bórmida, Suyai Compagnon, Melina Escobedo, Carolina Planes, Silvana Valente.
Formadas en distintas disciplinas de las ciencias sociales aceptaron el desafío de conversar y plantearon: ¿Por qué esta maternidad se convierte en una noticia de alcance nacional?, ¿qué aspectos se destacan para contarla?, ¿qué lugar ocupa la edad de la mujer?, ¿qué imágenes y palabras se utilizan?, ¿quiénes son convocados a opinar y quiénes quedan fuera de la discusión?
Preguntar solamente si una mujer es “demasiado grande para ser madre”, por ejemplo, supone que existe una edad socialmente correcta para ejercer la maternidad.
Agregaron que es importante sumar voces a la noticia. Podrían ser convocados profesionales de la medicina, especialistas en fertilidad, psicólogos, abogados o personas que expresan opiniones personales.
“Incorporar las perspectivas de género, derechos sexuales y reproductivos y derechos de niñas y niños permite evitar que el debate quede reducido exclusivamente a opiniones morales individuales”, advirtieron.
¿Hay un solo modelo de realización asociado a la maternidad?
“Otro elemento importante para comprender el caso es el marco de derechos sexuales y reproductivos vigente. Las decisiones reproductivas forman parte de la autonomía de las personas y deben analizarse en relación con las leyes y las condiciones médicas correspondientes”, apuntaron.
Agregaron que resulta fundamental reconocer “tanto el derecho a desarrollar un proyecto reproductivo como el derecho a decidir no maternar. No debería existir un único modelo de realización personal asociado a la maternidad”.
En este marco pueden pensarse conjuntamente las políticas que garantizan el acceso a técnicas de reproducción humana asistida y aquellas que reconocen el derecho a interrumpir voluntariamente un embarazo dentro de las condiciones establecidas por la legislación. “Aunque se trate de decisiones diferentes, ambas parten de un principio central: la autonomía de las personas sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida”, explicaron.