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19-08-2026

"Hay que pensar que se corrió la edad para ser madre biológica"

El antropólogo Álvaro Flores, docente en la Facultad de la Salud, reflexionó sobre el impacto que tuvo el caso de una mujer de 62 años que dio a luz. Tecnologías que corren las barreras biológicas.

 

La semana pasada, la foto de Mabel Frías, de 62 años, posando con su hijo David, recién nacido, despertó debates y controversias de las más variadas en torno a las maternidades, los tratamientos de fertilización y las formas de crianza. La noticia, surgida en San Nicolás, llegó a todos los puntos del país y llamó la atención por su singularidad.
 

Alvaro Flores, antropólogo y docente en la carrera de Medicina, en la materia “Humanismo médico y bioética” en la Facultad de Ciencias de la Salud (Unicen), advirtió que en 10 años este caso ya no nos parecerá extraño porque será común.
 

En diálogo con Verte, recorrió las distintas formas en las que la tecnología fue corriendo y transformando los límites que impuso la biología a la especie humana.


 

“Los seres humanos tenemos una dimensión cultural, que nos diferencia del resto de los animales, pero nosotros también somos animales. En términos biológicos las hembras humanas tienen una ventana muy reducida de fecundidad. No somos una especie muy exitosa en términos de reproducción”, explicó.
 

“Además las hembras humanas tienen un proceso de ovulación muy corto y el tema de los partos es muy complicado porque nuestras crías son muy cabezonas y eso representa anatómicamente una complicación”, describió el profesor.
 

Recordó entonces que “a fines del siglo XIX y principios del XX, la cesárea cambió eso, pero en la mayor parte de la historia evolutiva de la especie, las mujeres y sus bebés han muerto”.
 

“La cultura nos permitió tener ciertas ventajas sobre la mera biología. Por ejemplo, la bipedestación nos permitió movernos grandes distancias, liberar las manos y a su vez esa incorporación en las patas traseras implicó un achicamiento del canal de parto, supuso el incremento del encéfalo, o sea, dos cosas que que son bastante que complican mucho el parto”, detalló.
 

Flores acotó que “hemos desarrollado tecnologías para mejorar el tema de los nacimientos. Y también, hace 40 años, la fertilización asistida”.
 

Explicó que una mujer cuando nace ya tiene la carga de óvulos que va a gastar durante toda su vida y eso se da en muy pocas especies animales. La mujer puede seguir viviendo aunque deje de ovular, que es la etapa de la menopausia, pero en la mayoría de los mamíferos no es así.

 

Nuevos tiempos, nuevas miradas
 

“Nosotros desarrollamos tecnología para permitir nacimientos seguros y la procreación en hembras que ya no pueden ovular, que ya su carga de óvulos la gastó durante el tiempo. Eso se guarda y se congela. Esa tecnología se perfeccionó”, detalló.
 

“En medicina sabemos, y sobre todo en bioética, que desde los años ‘80 el mundo cambió y los desarrollos científicos ya no están tan comandados por el saber científico sino que van en función de los intereses de la técnica y la técnica está estrechamente vinculada con el mercado”, observó el antropólogo.
 

“Por lo tanto, se diseñan tecnologías que después se venden y se aplican indiscriminadamente en distintos lugares del planeta y las sociedades donde desembarcan esas tecnologías muchas veces no las entienden y no tienen las herramientas para poder comprender lo que producen. Es un dilema hacia dentro de la ciencia misma”, admitió.
 

“Con los estudiantes de Medicina vemos uno de los primeros casos que generó mucha controversia, fue en la década 90. Una pareja pasaba la luna de miel en Buenos Aires, él de 30 y la mujer de 27 y resulta que se murió el varón y al toque la chica pidió que se le extrajera esperma al cadáver porque ella se quería inseminar, no sabía cuándo, pero lo quería guardar. Y eso generó un debate, no es sólo ético-moral, sino también legal”, narró el antropólogo.
 

Agregó que todos los “cuestionamientos” hacia la mujer y su decisión revelan una estructura machista. “También pasó con la discusión en torno a la interrupción voluntaria del embarazo y es algo que va a seguir pasando, sobre todo teniendo en cuenta que el machismo, si hay algo que quiere controlar de la mujer, es su útero. Como ideología busca decirte que no tengas relaciones antes de casarte, con cuántos tenés que tener relaciones, si mucho, si poco, si vas a parir, si no vas a parir, en fin”, enumeró.
 

“Ahora tenemos que empezar a pensar que se corrió la edad que parecía un límite para ser madre biológica. Eso está cambiando y, justamente, cuando hay algún movimiento a nivel cultural, un fenómeno que nos corre de eje, lo que tendemos a hacer es agarrarnos de lo que más conocemos”, describió.
 

“En el enfoque antropológico también miramos la historia y buscamos los contraejemplos para ir mostrando que estos movimientos se han dado siempre y no nos tenemos que horrorizar y reaccionar con virulencia frente a que una mujer de 62 años ha tenido un hijo por inseminación artificial. ¿Sabes qué? De acá a 10 años eso va a ser parte de la normalidad”, anticipó.
 

“Porque además, te agrego un dato más, en Europa una mamá de casi 60 años le dona el útero a su hija que por un tema, un accidente, una enfermedad no tenía útero. Entonces, la mamá le dona el útero y con un óvulo y el esperma del marido, la insemina y ella da a luz a un bebé”, planteó.
 

“Entonces, eso generó también un poquito de revuelo, pero hoy en día es una práctica bastante común ese tipo de trasplante aunque no está totalmente aceptado”, reconoció.
 

“Lo que pasa es que se nos ha enseñado y tenemos aprendido que parir y ser mamá son lo mismo. Cuando en otros lugares y en otros momentos de la historia parir es una cosa, ser mamá o ser papá o paternar y maternar son categorías diferentes”, señaló.
 

“Hay culturas donde los hijos no son de la mujer que los pare, sino que son del grupo. Si te vas a la antigua Roma, la adopción era la forma más común de tener hijos. Y eran tus hijos, o sea, no importaba del útero que salió”, reflexionó.

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